Ceta

Pues ya ha pasado un tiempo, para mi mucho, que no contamos con Ceta entre nosotros.

Os voy a contar mis sentimientos con esta preciosa perrita que aterrizó en casa en un mes de Diciembre.

Un buen dia, al medio dia en la hora de la comida, llegó mi hija a casa y me comentó que en el aparcamiento del lugar donde trabajaba habían abandonado una camada de perros con el cordón umbilical sin cortar y que si se podia traer a casa uno.

Mi reacción fué la de negarme a ello, por lógica en casa estabamos más fuera de ella que dentro, trabajo, estudios, etc.,  creia que si se tenía un animal en casa se tenía que tener tiempo para atenderle y, en mi opinión, no lo teníamos. 

En ese punto, creia yo que se había quedado el asunto zanjado, pero no fué así.

Esa misma noche, estando en la cocina preparando la cena, abrió mi hija la puerta y cuando la ví con el cuello del abrigo subido y mirandome con carita de "mira lo que traigo".....

La verdad es que, lo primero que dije es que había que buscarle un hogar, que en casa no se podía quedar............., pues se quedó.

Desde entónces aprendí a querer a esta cosita pequeña y peluda que adoraba a su amita, que fué la que la dió el biberón y la cuidó hasta que ya fué más independiente. 

Que cosita más preciosa aparecia cuando se abria la puerta, saltando y tirandose al suelo para que la acariciases la barriga. 

Ha sido una perra que no daba un ruido, eso si, no era nada sociable con los otros perros, siempre era una bronca cuando veia que alguno se quería acercar a ella. 

Recuerdo los momentos en que salías con ella, cómo corría detrás de los palos y te pedía con los ojos y con algún que otro ladrido que siguieras jugando con ella. 

Otros ratos inolvidables eran los que nos sentabamos a comer y cómo ella se ponía a nuestro lado esperando a que le dieramos su manzana o lo que fuera, ella se sentaba sin mirarnos, con indiferencia como si no tuviera ningún interés en lo que pasaba por su alrededor. Finalmente, se pasaba un tiempo, que debía ser para ella prudencia, ponía la patita en nuestras piernas, como diciendo "que estoy aquí y me tienes que dar algo de lo que te estás comiendo.

Por supuesto que todos tenemos nuestro fín y a ella le llegó manteniendo su estampa tan bonita y su expresividad en el gesto. Era como es natural un perro sin raza definida, pero a pesar de los años siempre parecía un cachorro de pastor alemán, ágil, esbelta, guapa.

Nunca la olvidaremos y siempre que veo un perro, ahora lo observo con otra mirada recordando a nuestra Ceta. 

Hoy mi hija tiene otro perrito, más pequeño, con pedigrí y todas esas cosas,  que al ser cachorro y pequeño nos trae a todos locos por lo jugueton que es, pero aún así en mi mente está Ceta.

La añoro.