Va a hacer un año

Esta frase tan recurrente que decimos habitualmente de “Cómo pasa el tiempo” es de lo que ahora quiero escribir.

Pues así es, ahora va a hacer un año que dejé mi puesto de trabajo, no por mi gusto, si no por las necesidades de la empresa.

Fue una noticia que no esperaba, hasta hacía escasamente cinco meses que me habían dicho que me jubilaba estando en activo. Pues no, al final se anticipó la cuestión un par de años.

Hoy, puedo decir, que se me ha pasado este año en un soplo, entre unas cosas y otras no he parado, mi familia, mis propias actividades, el volver a tener el tiempo para mí…., pero…. ¿Cuándo tuve esa opción?, pues nunca.  Todo vino rodado de tal manera que todo era trabajo, casa, trabajo, casa y algún que otro esparcimiento, pero esa es otra historia que ya afrontaré.

Ahora quiero hablar de cuando empecé en mi primer trabajo con 15 años y allí estuve 16. También volcada en mi actividad y si no hubiera sido por mis circunstancias económicas, seguramente no me habría ido, pero adopté la decisión de abandonar todo eso e intentar encontrar luego otro trabajo…., vaya tonta, pensar que lo podía encontrar¡¡¡¡

Cuando empecé en esa empresa, era una niña y aprendí a tener que aceptar las normas de las jerarquías laborales e intentar ser eficiente.

Recuerdo que cuando se hablaba de que parte de  lo que se cotizaba para la Seguridad Social, era para nuestra jubilación.

Lo veia tan lejos...., nada menos que 50 años. Cuanto tiempo....., ahora estoy ahí en la puerta de entrar a vivir de una pensión.  Antes una niña, ahora una persona de la 3ª edad, jajaja. Cuanto quedará.... ahora si que esto ha llegado han pasado 48 años y muchas cosas en mi vida, como en la de cualquier persona.

En aquella época, las mujeres nos preparábamos para ser secretarias, era en el terreno de la administración a lo más que podías aspirar, salvo que hubieras hecho una carrera, que no era mi caso. Aprendí taqui-meca, como se decía entonces y francés, el idioma del mundo, jajaja, igual que ahora que inglés, alemán y chino....¡¡¡

Principalmente mis funciones eran las del odioso archivo, es cierto que es tedioso, hoy también se archivan documentos, pero no tiene ni punto de comparación con lo que entonces se hacía y ya sé que suena a “en otros tiempos”.

Quizás tuve la “suerte” de que en una ocasión que me tocó sustituir a una secretaria que estaba de baja maternal, ocurriera algo que me hiciera cambiar el rumbo de mi futuro profesional.

Digo “suerte” aunque para mí fue el mayor disgusto con el que me enfrenté con 17 años y fue que el Director del que era secretaria sustituta, me encontró muy mona e intentó sobrepasarse.

Fue tal la inseguridad que sentí, que mi actitud no fue la de llamar la atención de nadie ni quejarme ni denunciarlo, ni me plantee si me harían caso o no, sencillamente no lo dije. Pero mi relación hacia esa persona pasó, como no podía ser de otra manera a una frialdad en el trato absoluta y adiós a mi simpatía natural.

Por otra parte, no podía decírselo ni a mis padres ni al que era mi novio, a los primeros por el disgusto y las consecuencias económicas que ocasionaría en mi casa si dejaba el trabajo y por el segundo, por la lógica de la represalia que podía tener con la persona que me agredió y que tendría consecuencias en mi trabajo.

Qué ocurrió después…., a este señor se le ocurrió ofrecerme que me quedara de sustituta de su secretaria, cuando se incorporase de la maternidad, pues suponía, que no continuaría trabajando, como así pasó.

Cuál fue mi reacción? Pues decir que no me quedaba, que volvía a mi puesto de auxiliar administrativo. 

Eso suponía que perdía todas las oportunidades de ser secretaria de dirección, la máxima aspiración….., con la subida de sueldo que ello suponía.

Todo esto, me lo comí yo solita. Pero cuando volví a mi departamento, que era el de personal, mi jefe superior me dijo que si era tonta, que había dejado pasar la oportunidad de mi vida……, y cuando le comenté lo que había pasado, se quedó blanco como el papel, pero a continuación soltó…. “no se lo dirás a nadie. No?

Pues así transcurrieron mis años allí, siendo la mejor suplente de las secretarias cuando estaban de baja, o de vacaciones.

Posteriormente tuve ocasión de pasar a ocupar otras funciones que sí resultaban que tenía una responsabilidad y una capacidad de decisión que me hacían sentir fenomenal.

Trabajando allí me casé y tuve tres de mis cuatro hijos, fui la segunda mujer en la empresa que después de haberse casado permanecía en mi puesto de trabajo.

De este periodo de tiempo, tengo que agradecer a una persona su trato hacia mí, era un subjefe de aquél que intentó propasarse conmigo. Este hombre llegó a ser director de un departamento en el que yo trabajaba y tuvo hacia mí varios detalles muy importantes, nunca le agradeceré bastante lo que hizo, no sé ni donde estará, pero quedó siempre en mi corazón como una persona sensible y que me apreciaba como trabajadora y como persona.