AQUELLOS SABADOS

En este parque y en este rincón jugábamos y nos divertíamos.

 

Pues en los principios de mi vida matrimonial y maternal, después de irnos a vivir a un piso de alquiler, tuvimos durante unos meses la costumbre de reunirnos con los amigos los sábados por la tarde/noche.

Estos amigos eran los de nuestra infancia y juventud, con quien mejor podías pasar estas veladas?

Como éramos los únicos que teníamos piso, los demás estaban aún solteros, era el  mejor punto de encuentro. Además al tener niños pequeños, para nosotros era más complicado el desplazarnos y trasnochar.

En esas veladas preparábamos una cena, cuyo coste lo compartíamos entre todos y allí entre risas lo pasábamos fenomenal.

Lo más frecuente era jugar a las cartas o entre los chicos hacer intercambios de chistes, había uno concretamente que era una máquina contándolos, hilvanaba uno tras otro, los demás se contagiaban y poco a poco se incrementaban los ratos de risas.

Mis dos niños ya estaban durmiendo o eso era lo habitual, menos una noche en que teníamos unas risas y carcajadas fuera de lo normal, en un momento dado se oyó una vocecita cantarina que decía: “Estos, están locos, no me dejan dormirrrr”  nos quedamos todos tronchados de la risa.

En una de estas ocasiones, cuando estábamos haciendo la cena, concretamente unas tortillas de patatas, una de mis amigas fue a dar la vuelta a la tortilla, con tal mala fortuna, que se le cayó a la pila, siendo irrecuperable. Desde entonces, siempre hacíamos alguna broma cada vez que nos juntábamos, diciendo: “que X no de la vuelta a la tortilla, que no cenamos”.

Un tiempo después otra de las parejas se casó también, cogiendo un piso alquilado al lado de nosotros, con lo que algún que otro sábado, cambiábamos de casa.

Allí, una noche, después de haber terminado la cena, no sé a cuál de nosotras se le ocurrió sacudir el mantel por la ventana de la cocina y mira por donde que la cotilla de la vecina de abajo estaba asomada a la ventana, mirando hacía arriba y le cayeron todas las migas. Vaya risas que nos dieron y vaya cabreo que se pilló la buena mujer.  Mi amiga después tuvo que pedirle disculpas, aún tapándose la boca para que no la viera reírse. Ja Ja. Vaya rato.

Durante mucho tiempo se fueron celebrando estas cenas, hasta que poco a poco se fueron distanciando, bien por hastío o porque a todos les apetecería más hacer otras cosas los fin de semana.

En uno de estos sábados, quedamos en que al día siguiente domingo, iríamos todos a la piscina y así quedamos todos.  Con tan mala suerte que nuestra hija mayor amaneció con fiebre y se fueron al traste nuestros planes. Ellos al ver que pasaba con creces la hora y no llegábamos se cogieron el coche de uno de ellos un Renault  11 y se fueron, no a la piscina, si no a Valencia, comieron su paella correspondiente, su chapuzón en la playa y regreso a casa.

Nosotros tampoco hubiéramos podido ir, sobre todo por cuestiones económicas,

Después como cosa habitual se quedó en que nos juntaríamos la noche de Reyes, saldríamos a cenar y después un año en casa de cada uno de nosotros (ya todos estábamos casados) nos tomábamos el roscón y a quien le caía la figura, era al que le tocaba celebración en su casa. Nos intercambiábamos regalos, etc., etc. En estos casos casi siempre había alguien de mi familia que se venía a casa a cuidar de mis peques.

Todo esto continuó hasta que empezaron las separaciones matrimoniales. Ese es otro tema, pero ahí se destruyó esa unidad que hasta entonces manteníamos. Puedo decir que de los cinco matrimonios, sólo uno permanece en ese estado. Los demás hemos rehecho nuestras vidas con diferentes "contrarios", jajaja

Después, solo las mujeres hemos continuado con la costumbre de reunirnos para comer, por lo menos dos veces al año y en una de estas veces, nos intercambiamos la lotería y los regalitos. 

También disfrutamos de estos momentos.