Recuerdos

Ya era una muchachita moderna, llevaba la permanente hecha. Jajaja

Esos recuerdos de la infancia

Ayer viendo una de las publicaciones en Facebok de mi amiga Pepi Fidalgo, en la que ponía las portadas de las Enciclopedias Álvarez, me vinieron a la mente esas cosas que viví cuando era niña.

Puedo empezar con esos sonidos de la radio que se oía en mi casa, por ejemplo los cuentos que por la noche, supongo que no muy tarde. Me gustaban mucho, así como los programas de “Matilde, Perico y Periquin”, que eran las historias de una familia en la que el dichoso Periquín era bastante revoltoso. Aún tengo un libro de los que publicaban con esas historias.

Un día que pasó la noche en casa uno de mis nietos, se lo dejé por si lo quería leer y, claro no le hizo ni caso, no corresponde en nada a lo que ahora leen.

Volviendo a la radio, las novelas que se oían por las tardes, cuando mi madre y mi abuela cosían o planchaban. Estas novelas las representaban los propios locutores que hacían el resto de programas, con unas voces maravillosas, que como suele ocurrir, cuando los ves en fotos te asombras de que no se correspondan para nada su físico con su voz.

Una de estas novelas se llamaba Ama Rosa, fue un dramón de mucho cuidado, pero que tenía a todas las mujeres enganchadas.

Otro de los programas estrella era el de Pepe Iglesias “El Zorro”, solía empezar sus programas de humor con la siguiente frase: 

Yo soy “El Zorro”, zorro, zorrito, para mayores y pequeñitos…….

Mis padres se partían de risa con este hombre.

Había concursos de personas que cantaban y querían destacar, vamos como ahora en la tele.

Otro de los recuerdos de aquella época, era la música que se oía en la radio, la copla sobre todo, de hecho, todavía me viene a la memoria alguna de estas canciones o cuando las oigo actualmente, me gusta rememorar aquellos tiempos en los que en los patios de vecindad se oía a la gente cantar, a las amas de casa hablarse de ventana a ventana, los olores a los guisos. 

Desafortunadamente todo eso pasó. No es que me ancle en el pasado, pero a pesar de todas las dificultades económicas, de salud, etc., etc., la gente de cara a la galería era feliz.

En casa una de las emisoras que se escuchaba era Radio Intercontinental, que aún transmite, pero en onda corta y siguen diciendo eso de: Aquí Radio Intercontinental, Madrid"

Aparte de los anuncios, logicamente una de las fuentes de ingresos, estaban los patrocinadores de los programas como Cola Cao, que tenía una canción, que tambien se sigue oyendo y que dice así: "Yo soy aquél negrito, del Africa tropical......"

Otra cosa que me gustaba oír era “las peticiones del oyente”, como su propia frase indica la gente llamaba para dedicar canciones a sus familias por la radio, en las fechas de las comuniones, era repetitiva la canción de “Su primera Comunión”

Por los años sesenta ya empezaban los programas de música más moderna con su clasificación, según los gustos de la gente. Me gustaba mucho oír estos programas, siempre estaba con la radio a cuestas, tanto que cuando cumplí mis 14 años mi padre me regaló un pequeño transistor, que todavía conservo, aunque no funcione.

Mi padre desde que tengo conocimiento, estuvo siempre enfermo, por esa razón permanecía mucho tiempo en casa sin poder ir a trabajar y solía contarme cuentos que se inventaba y canciones infantiles que hoy canto a mis nietos más pequeños.

Con mi madre y una de mis tías solía ir al cine a ver alguna de esas películas que permanecen imborrables en mi memoria, tales como “Siete novias para siete hermanos”, “Gigante” y alguna que ahora no recuerdo su título pero eran momentos inolvidables. Luego cuando llegaba a casa corría a dar un beso a mi padre y a decirle que “no he ido al cine, pero se han morao”

Como era una niña que comía habitualmente muy mal, o sea que no comía, mi madre con mi abuela o con mi tía me llevaban a alguna parte de Madrid, donde me abriera las ganas de comer. Lo que más me gustaba de esos paseos era el regreso, pues no siempre, pero alguna vez se sentaban en una terraza que tenía unos sillones de mimbre preciosos, o a mí me lo parecían, y allí se tomaban una horchata o una limonada y me daban algún sorbito. Qué bien me sabía.

Siempre me ha gustado leer y por tanto leía todo lo que caía en mis manos, los tebeos clásicos de aquella época y que ahora algunos se están reeditando.

Como entonces los medios económicos eran escasos, había un sistema de cambio de tebeos o de novelas por un módico precio y siempre tenías algo nuevo para leer, para mis padres les llevaba las novelas para cambiar y yo los tebeos.

Había otra cosa con la que yo me entretenía mucho jugando y era con muñecas recortables con sus vestidos, tenía varias, cada una con su nombre por la parte posterior así como en su ropa y así les ponía a cada muñeca el que le correspondía.

También recuerdo un pollito que me compraron mis padres, era una cosita graciosa que siempre andaba correteando detrás de mí, en una ocasión el pobre pollo, por querer estar conmigo cuando estaba comiendo, casi se fríe en la sartén, menos mal que no estaba muy caliente y no pasó a mayores y pudo estar conmigo picoteando en mi plato.

En una ocasión en que estaba mala en la cama, mi madre no quería que el pollo anduviera correteando por la casa, no le dejaba salir de la caja donde estaba, pero él se escapó escondiéndose debajo de la cama donde yo estaba, saliendo de allí en cuanto mi madre se fue.

Un fin de semana que estuvimos en un pueblo, en casa de unos primos de mi madre, me enamoré de un cachorrito de gato y tanta paliza debí de dar, que el gatito vino a casa, lo malo es que fue por muy poco tiempo, a mi madre no le gustaba y terminaron regalándolo a otra persona.

Mis historias con los gatorrines, como decía yo, tienen miga, pues siendo bastante pequeña mi madre me mandó que bajase a la lechería que teníamos debajo de casa, con una lechera a comprar como es natural, la leche. El caso es que al volver a casa, me encontré con el gato de una vecina y me puse a jugar con él, como consecuencia se cayó la leche y entonces vaya problema, no había leche y no había dinero. Volví a la lechería a pedirles que me dieran más porque el gatorrín me la había tirado y ahí me encontró mi madre, que había bajado a buscarme al ver que tardaba en regresar.

Una de las frases que se decían en casa cuando estaba yo delante y los mayores no querían que yo me enterase de lo que hablaban: “hay ropa tendida” y entonces cambiaban de conversación o me mandaban al otro extremo de la casa a buscar algo, qué lógicamente tardaba en encontrar, con lo que les daba tiempo a terminar su conversación.

Otra frase si mi madre salía con mi abuela o mi tía y yo no las acompañaba, me decían que se marchaban a “contar los frailes que falta uno” o que se iban “al cine de las sábanas blancas”.

Otro recuerdo que no se va es un sabor, si un sabor, voy a explicar lo que fue.

Teníamos unos vecinos que el novio de la hija le gustaba hacer juegos de manos y una tarde nos hizo uno con un huevo crudo en el que introdujo el anillo de boda de mi padre, el huevo estaba entero sin romper y para mi sorpresa, cuando lo cascaron allí estaba el anillo. Después con ese huevo me hicieron una tortilla francesa que tuvo un sabor diferente a todas las que hubiera podido tomar antes y solo volví a descubrir ese sabor, en otra ocasión y qué sensación volver a degustar eso tantos años después, así que ya sé que las papilas gustativas tienen memoria.

Por hoy dejo de contar estas batallitas de la abuela.