Qué vida¡¡¡

                Una familia normal...???

 

Entraba por la puerta de su casa y comenzó a oír las voces de su padre. Estas voces iban subiendo de tono y cada vez eran más amenazadoras.  Por precaución,  retrocedió y no llego a meterse en la vivienda.

Era frecuente que eso ocurriera y lo peor era cuando de las voces se pasaba a los actos, es decir al golpe que descargaba a su madre en donde le pillaba bien, sin contemplaciones.

Ella odiaba a su padre, también es cierto que su padre no demostraba hacia ella ningún tipo de aprecio.

Era la mayor de 7 hermanos, por supuesto que en aquella época no se tenía en cuenta si la madre estaba en condiciones de atender a tantos hijos, un marido como él y una casa.  Al ser la mayor y además niña, no tenía otra opción que la de ayudar a su madre y cuidar de sus hermanos.

El único consuelo que tenía era en su abuelo materno, que era su protector, su guardián, su amigo.

En una ocasión en la que su madre estaba esperando un nuevo hijo, las cosas en casa se calentaron de tal manera que “la bestia” como ella le llamaba empezó a golpear a su madre en su vientre, en la espalda, en donde pillaba. Ese día, ella no pudo soportar más la situación y cogiendo una escoba, por la parte del palo, se lio a golpes con su padre, no es que le hiciera daño, pero de esa manera consiguió evitar que su madre siguiera recibiendo esa paliza. Por supuesto que ella recibió el resto de la paliza.  Ella quería que se muriera, que desapareciera de sus vidas.

Con el paso de los años, pudo entender todo lo que pasaba en la cabeza de ese hombre.

En un momento dado una tía que vivía en Madrid, se la llevó a su casa, ya era una mocita y era necesario que empezase a trabajar y como no tenía una buena formación, sabia escribir y leer, pero poco más, así que las opciones no eran otras que la de trabajar en el servicio doméstico.

Mientras se daba la posibilidad de encontrar ese trabajo, una tarde la tía le dijo que se arreglara que salían a dar una vuelta.  Llegaron a un barrio de Madrid, muy cerca de El Retiro, era una zona muy buena, donde había un buen nivel de vida.

Llegaron a un portal y subieron a uno de los pisos, allí la tía estuvo hablando con un señor muy bien trajeado, se saludaron  con las maneras de alguien que se conoce lo suficiente, después este hombre observó a la joven, la dirigió unas palabras cariñosas y en el momento de despedirse le dio un par de billetes de 100 pesetas. La chica se quedó asombrada mirando a su tía sin saber qué hacer, la tía con la mirada le indicó que lo guardase. Poco después salieron de la casa.

Ella estaba desconcertada, no sabía nada del porqué de todo esto, tampoco se atrevía a preguntar nada. Cuando ya estaban de regreso, no pudo aguantar más la incertidumbre y preguntó a su tía y al fin supo la verdad de su vida y existencia.

Ese señor era su padre, había estado en el pueblo de donde eran, trabajando en el Ayuntamiento. Había conocido a su madre y la consecuencia fue el embarazo del que nació ella.

Ese hombre no podía atender el compromiso con la mujer a la que preñó y abandonó el pueblo.

Menuda situación se creó, en ese caso, el padre de la mujer llegó a un acuerdo con el hombre que se casó con ella, se haría cargo del bebé que estaba en camino y no se diría nada a nadie, fue una boda rápida, sin cariño ni amor por ninguna de las partes.

Cuando fue consciente de toda la historia comprendió que “el bestia” no quisiera ni a su madre ni a ella.  Tampoco ella le quería a él, debía de sentir tanto el rechazo de él que no le era posible sentir ese cariño que se tiene a los padres.

También muchos años después, su madre pasaba largas temporadas en su casa, no su padre. Cuando enfermó la cuidó y atendió hasta los últimos momentos de su vida. Con él no, enfermó y murió sin más atención y miramiento, por lo menos por su parte y no es que no tuviera en cuenta que él la mantuvo, pero eso no es lo más importante, el amor filial y el respeto no existieron ni para ella ni para su madre.