ES LO QUE PARECE?

3. jul., 2018

Diciendo adiós a Palma

3. jul., 2018
3. jul., 2018

Muchos de los que me seguis, ya sea por Facebook o a través de nuestro contacto personal, valorais mi sonrisa y me animais a que no la pierda.

No siempre la tengo, tengo fotos de hace muchos años, en que sí que sonrio, pero no como quizás puedo hacerlo ahora. 

Hay veces que se me nota un rictus triste y mis ojos están apagados. 

Opino que como a todo el mundo, la vida unas veces se porta bien y otras mal. 

He tenido de todo y quizás por tener como ejemplo a mi padre, he mirado hacia delante intentando salir de todos los baches que me ha puesto la vida, unas veces de forma más acertada que otras.

Mi padre siempre decía: "Si tienes un problema y tú puedes solucionarlo, no te preocupes; si tienes un problema y no puedes hacer nada por arreglarlo, no te preocupes"

En fín, esto lo decía, pero no lo practicaba, se preocupaba y mucho por todo. No obstante intento no preocuparme.

A lo largo del recorrido de mi vida, se han ido descolgando personas, algunas de ellas han causado dolor. 

La familia, que poco a poco se ha ido yendo....

Amigos que pensabas que serían para siempre y lógicamente no lo han sido..., 

Familia, que pensabas que serían un apoyo y que más bien han representado un grano en el c...

Han ido llegando nuevas personas a mi vida que me han dado amor, ilusión, amistad, confianza...

Esa otra parte que no es familia, pero que cuentas con ellos más que si lo fueran.....

Esas personas que cuando eran niños, amigos de mis hijos y que ahora los tengo como si fueran parte de mi propio hogar.... (mis niñ@s adoptivos) 

Pero a pesar de eso, siempre, a pesar de la sonrisa, hay un poso de tristeza. 

Mi sonrisa no es una pose, soy así.  Cuando me cruzo con alguien y saludo, que eso sea con una sonrisa en mis labios.  Me cuesta ser como esas personas que van como sotas por el mundo.

La procesión va por dentro. 

 

 

 

 

30. jun., 2018

Hoy una de las principales noticias, es la cantidad de gente que ha cogido el coche para irse de vacaciones, según dicen, cuatro millones de desplazamientos. Luego llega Agosto y más de lo mismo. 

Ya que estamos en el verano, momento de vivir con la alegría de tener ese tiempo libre que tanta falta hace, ese sol y en algunos casos esos cambios de lugares, movimientos por todas partes, lo mismo puede ser a la playa, a la montaña, ir al pueblo de los padres o de los abuelos,  conocer otros lugares, de nuestro propio país o trotar por otros territorios.

Es el momento de esos romances juveniles o no, todo depende de la situación de cada cual. 

Esos temas de amoríos veraniegos, creo que siempre se han dado y seguiran ocurriendo. 

Quizás como yo me hice novia tan joven y además no salía de mi Madrid (no tenía pueblo de padres o abuelos), no tuve oportunidad de tener esos enamoramientos veraniegos, pero sé de personas que sí les ocurría, salían de su entorno y todo en verano es especial, los chicos son más guapos, más simpáticos, más todo... y las chicas de fuera, tres cuartas de lo mismo. 

Había esa rivalidad entre los naturales del pueblo, cuando llegaban los de fuera, porque lógicamente, pretendían llevarse a las chicas, bailar con ellas, en las plazas de los pueblos... y con las chicas pasaba lo mismo, llegaban esas de fuera a conquistar a sus chicos de siempre.

Luego llegaba el final del verano y ahí estaban esas penas de unos y alegrías de otros, esas despedidas llenas de promesas, de futuras cartas que luego se irían diluyendo en el tiempo y cuando volvía el verano del año siguiente, o no se encontraban o ya no era nada igual.

Claro que estoy hablando de esos años en los que yo era adolescente. 

Hoy los chicos y chicas no quieren ir con la familia a ningún sitio, se van solos con amigos y/o amigas. 

No digo que no puedan darse las mismas situaciones que antes, me vais a llamar nostálgica o que opino que tiempos pasados fueron mejores. No es así, la realidad es que no tiene nada que ver un tiempo con otro, las ilusiones y emociones creo que son diferentes.

Lo que si contaré otro día es el tema de los amores juveniles, esos que se dan, dentro de tu entorno y tu ambiente habitual.

 

 

 

17. mar., 2018

Ahí está la cuestión.

Cuando nací me bautizaron con el nombre de María Esmeralda.

No obstante, en mi casa, familia y amigos mi mombre era el de Mari.

Sin embargo, cuando iba al colegio o al instituto, me gustaba que me llamaran Esmeralda.

Cuando empecé en mi primer trabajo en Uralita, allí relegué el Maria y me quedé solo con el Esmeralda. 

Como consecuencia, se puede decir que tenía dos vidas, la de Mari y la de Esmeralda. 

Poco ha poco mi vida con el primer nombre ha quedado exclusivo para esas amistades de siempre,  mi hermana y sobrinos. 

Lo cierto es que cuando era muy cria Esmeralda no me hacía ni pizca de gracia, me hubiera gustado llamarme Elena, por ejemplo.

Después descubrí lo que  era sentirse diferente, ya que no había más personas con el mismo nombre que yo en mi entorno laboral, así que salvo en los casos en que me llamaban Esperanza, todo quedaba claro. 

Fijaros si estaba a gusto con mi nombre, que una de mis hija se llama así y además amadriné a otras dos personas igual que yo. 

Aparte de estos dos nombres de mi vida, había quien me llamaba de diferentes maneras, Marujilla, Esmeraldilla, Esmeraldina o el que más estimo: Maruchi, porque me así me llamaba esa familia entrañable para nosotros. 

Así que no os sorprendais cuando oigais MARUCHI.