REENCUENTROS

27. mar., 2019

Ya sabeis que me gusta hablar de la amistad, y es que soy afortunada.

 

Quizás por el paso de los años, vas valorando aún más esas amistades, las de verdad. 

Amigas/amigos de hoy, que aportan y que sabes que puedes contar con ellos.

Amigas de ayer, que siguen aquí y mantenemos esa unión, a través de los tiempos y de las vicisitudes pasadas por cada una.

Ahora, se van incorporando algunas de esas personas que formaron una parte muy importante en mi vida, amistades de infancia y adolescencia. 

Las circunstancias personales, nos fueron separando, hasta en algún caso  no volver a vernos desde la boda de algun@, pero hoy, por fín van llegando a nuestra cita mensual en la que quedamos para comer, charlar y cómo no, echarnos unas risas.

Bienvenida Marisa y como no Eloy, que se incorporó a tomar el café y me emocionó volver a verle y charlar con él. 

 

Un brindis por la amistad.

 

 

 

 

22. feb., 2019

Llevo algunos años dándole vueltas a escribir sobre este tema y se me planteaban dudas para hacerlo, el hecho de que me atañia directamente a causa de mi madre, era una de las razones. Ahora por una amiga de las de la infancia, que sufre una situación parecida.

Cómo se puede explicar que una hija, niegue la palabra a su madre, no la visite ni cuando (por correo electrónico) se le comunica que tienen que operar a su progenitora de un tema delicado....., no se preocupa por su estado?

Mi amiga, se lo traga todo con tal de poder ver a su nieto, pero cómo puede soportar que su hija, cuando ella llega, se retire?. Aún así, agradece que por lo menos pueda disfrutar de su niño.

Pero se plantea qué pasará mañana, cuando el niño crezca y su mente haya sido llenada de esos rencores que almacena su madre?

Y ella se pregunta? Qué le habré podido hacer para que no me quiera?

Eso mismo se preguntaba mi madre? Qué les he podido hacer a tus hermanas para que no me quieran venir a ver?

Pues así es y lo más triste, es que una por una razón y la otra por una no muy diferente, son incapaces de increpar a unas y otra para saber porqué?

Mi madre, se fué con ese angustia en su corazón. 

Despues de abrir mi corazón, con este dolor que he compartido y comparto, me quedo algo más relajada, no todo lo que quisiera, pues si dijera todo lo que siento, no me reconoceríais. 

Solo pienso que todas estas "personas" son madres y habrá un mañana para ellas........

 

 

 

 

28. ene., 2019

Como os podeis imaginar, cuando era cría y algo después también, de Arganda sabía, que estaba "el tren de Arganda, que pita más que anda" y poco más. Pero mira que las circunstancias de la vida me han llevado a que muy buena parte de mis experiencias y amores, están en Arganda.

Todo comenzó un verano en el que teníamos que estrenar una tienda de campaña de esas grandes, casi un chalé, pero en tela..., y buscando, buscando, encontramos un camping que estaba muy cerca de nuestra casa (entónces vivíamos en Moratalaz) y nos fuimos a plantar el tenderete en uno que hay en Arganda (todavía existe).

Eramos la caña, pues tuvimos en esa estancia, varias noches con unas tormentas y unas lluvias de narices y claro, en esas circunstancias, agarrábamos lo imprescindible y nos marchabamos a casa a dormir, con el consiguiente cachondeo de los vecinos tanto, de la casa, como del camping.

A mi particularmente, no me apeteció volver a realizar semejante acampada. Seré muy señorita, pero mejor dame una habitación y una cama.

Después de esta experiencia, nos marchabamos por esos alrededores a pasar el domingo o el sábado, según fuera conveniente, a plantar la tienda y comer con la familia, nuestra paella (cuando se podía prender fuego en el campo) o todo lo relativo a una comida campera.

Pues bien, como siempre se buscaba un lugar que tuviera sombras, espacio para que los niños jugaran y buen acceso para los vehículos, nos movíamos por esa zona, Arganda, Campo Real y Valdilecha.

Después de este preambulo la vida me llevó a que el trabajo que encontré después de varios años en paro, estaba ubicado en Arganda. 

Mi hija mayor encontró el amor en Arganda y allí vive con su familia, feliz por ello.

Después mi hijo segundo,  se fué a vivir a Campo Real, por lo tanto se vé que nuestros caminos nos dirigían hacía esa zona. 

Esas son las paradojas de nuestro destino, ahora no voy a Arganda por trabajo, ahora voy por mi familia. 

Ahora, los que no sabeis dónde está, os diré que es una localidad de la Comunidad de Madrid, con unos vinos de denominación de origen excelentes, un aceite, que tambien produce esa zona, de primera calidad, así que ya sabeis, aparte de ese tren del que os hable al principio, hay mucho que hablar de ella. 

 

 

12. ene., 2019

Ahora comprendo un poco mejor a mi suegro Benito y os contaré porqué.

El abuelo, cuando volvía a su pueblo a pasar las vacaciones o ya el tiempo que quisiera ir, le informaban del fallecimiento de aquél o aquella, que él había conocido y tratado con ellos en su vivencia en Piedrahita.

Entónces, no sólo se ponía triste por su marcha, si no porque significaba, que cada vez quedaban menos de esos amigos y porque su partida estaba cada vez más cerca. 

En este año que nos ha dejado, no solo me falta la persona que me dió el ser, si no que también ese amigo entrañable de hace 40 años. Tuvo la fortuna de irse sin sufrir, como él quería y así me lo había dicho una semana antes. 

Aún así fué un gran golpe en mis sentimientos, ya por si sensibles. 

Ya se fué su mujer, después de esa triste y dolorosa enfermedad. Ella fué la que me dió fuerzas para hacer un cambio en mi vida, con su valentía afrontando su situación. 

Después de esto, analizas y te das cuenta de que ya tienes 68 años, eres la mas mayor de la familia, y aunque ahora somos más longevos, la fecha se acerca y nunca estamos preparados para decir adiós a los nuestros. 

También es cierto que empezamos a morir desde que nacemos y que a la vuelta de la esquina o en tu propia casa, puede llegar ese adiós definitivo.

Solo pretendo desahogar un poco mi corazón y mi mente.

Os deseo a todos un feliz año y que aunque esta entrada es un poco triste, seguiré siendo la mujer optimista y que suelo ver el frasco medio lleno. 

15. dic., 2018

De esas cosas que un día me paré a analizar,  y es que salvo en el periodo de un año y medio, no he tenido nunca un dormitorio solo para mí.

Primero en casa de mis padres. En esos tiempos, no solo no tenía un dormitorio solo para mi uso, no tenía ni una cama para mi sola. Cama compartida con mi abuela y/o mis tías. 

Nos contrapeabamos en la cama para caber todas, así que unas y otras, siempre teníamos los pies de las otras en las narices, pero vamos que tampoco me quejaba, no había otras opciones, el resto de los dormitorios, estaban ocupados por los huéspedes que vivían en mi casa. 

Cuando ya llegó el momento en que los huéspedes se marcharon, ya tenía un dormitorio, pero en ese caso no compartía cama, solo el espacio, mis hermanas dormían en la otra cama. Eran aún pequeñas.

Luego llegó el matrimonio, así que vuelta a compartir cama.

Después la vida me llevó a tener a otra persona junto a mi y como es natural vuelvo a tener todo compartido, pero ya no importa.

Por supuesto que no es igual que en las otras ocasiones, es cierto que el irte a la cama acompañada y acurrucada es otra cosa y espero que la salud y la vida nos permita seguir haciendolo.