16. sep., 2015

Septiembre 2015

Pues sí que esto se va terminando, porque después del periodo vacacional, es cuando se acerca de forma vertiginosa el fín del año.

Este año desde que empezó el buen tiempo y aprovechando fines de semana fantásticos, hemos conocido sitios nuevos y otros los hemos paseado y reconocido los parajes ya vividos.

Aparte de la casa rural donde fuimos en Ávila y que fué encantador, estuvimos nuevamente en Salamanca y en Ciudad Rodrigo. Ciudades que te hacen admirar continuamente sus edificios y sus alrededores.

Para vacaciones en el verano, este año tocó El Algarve, sur de Portugal, que en principio, para los que conozcan las playas de Huelva, puedes creer que será más de lo mismo, pero no es así, las playas de la Rocha en Portimao y las de la Albufeira, si que son largas y con una arena suave y cálida.

No obstante, estas playas están debajo de unos acantilados que te sobrecogen,  sobre todo cerca de la costa y por ende de la playa sobresalen unos macizos que según la situación de la marea, puedes meterte entre ellos, como si de cuevas se tratase, donde el agua azota contínuamente.  O ese otro que se alza como un vigía, y que según desde donde le veas, puede parecer un barco que está encallado en la orilla.

No voy a profundizar más en Portugal, porque hay otras cosas que quiero resaltar.

Mérida, primera parada hasta llegar a Portugal.

Espléndida Ciudad que han sabido mantener su historia y a la vez avanzar en la modernidad.

En tres ocasiones la he visitado y sólo en ésta, he encontrado esa Historia.

Descubriendo el Templo de Diana que me dejó boquiabierta, sobre todo porque al verlo por la noche, iluminado con esa luz ténue, te da otras sensaciones.

Después el Foro Romano, donde se siguen celebrando representaciones teatrales, aunque no tan espectaculares como las del Teatro Romano. 

Hay que volver para poder ver una representación en ese gran Teatro de Mérida.

Al día siguiente, ya de camino hacia Portugal, nos detuvimos en Zafra, otro sitio con un encanto especial, sabor y aspecto de Andalucía, rincones fantásticos, farmacias auténticas del año catapún, y ese Parador donde da gusto parar a descansar o tomar algo.

Regreso a casa, parada obligada sentimental era estar en Punta Umbría. Allí estaban mi hija Esme, su marido Sergio y mis dos pequeños Rafa y Vega.

Qué placer poder disfrutar con ellos de unos momentos de playa, de paseo nocturno, etc., etc., 

Aparte de esto que es lo más importante, estaban los múltiples recuerdos de tiempos pasados y vividos con esas personas que ya no están.

Pasear por delante de la casa de los tíos, ir hacia el chiringuito de la playa donde siempre se paraba y se tenía la caseta para las sombrillas, sillas y vestuario en general playero (aún las conservan pero no para ese uso, es un símbolo de lo que fué),  descubrir que donde antes te tomabas unas sardinas o una paella, hoy hay un restaurante italiano y en línea de playa un local para la noche y para la juventud, con camas, sillones giratorios, pista de baile, mucha arena...... la música de hoy..... Nostalgia pura y dura.,

Ir por la plaza del embarcadero y sentarte en una terraza viendo los grandes y pequeños cambios producidos. 

Volver del camino de la playa hacia la casa de mis tios y ver el mismo chiringuito hacia el final del paseo, donde a veces parabamos a refrescar el gaznate......

Las tardes de parchís con mi tia y mi madre, que terminabas con los ojos cuadrados de tanto mirar al dado.....

La ocasión en que fuimos con los abuelos Elo y Benito a pasar unas vacaciones allí, era en Julio y tuvimos la mala suerte de que había subido la marea ese año de tal forma que casi no había playa, para la abuela Elo que era la primera vez que veia el mar, fué un fiasco, pero lo vió y dentro de los que nos permitió la playa, lo disfrutó. 

Como anecdota, de esta ocasión, un medio dia que volviamos a casa para comer, se nos ocurrió, pasar por la casa de los pollos asados y subir uno. Más nuestra sorpresa fué, que hubieramos tenido que hacer el pedido antes, no obstante, nos quedamos allí por si alguno sobraba. En un momento dado, dijeron el nombre de alguien que no estaba y una de nosotras dijo "yo" y nos llevamos el pollo (pagando claro), eso si no volvimos por allí, por si nos recordaban.

Luego nos arrepentimos pensando en esa pobre que se quedó sin pollo, pero aún así nos supo a gloria.

Pues bien, esa ha sido una de mis experiencias de este año, con ese lado agridulce que da el tiempo y el recuerdo de las personas que ya no están aquí.

Al día siguiente camino de regreso a Mérida después de la comida con mis chicos. 

Como en la ocasión anterior, volvimos a pasear por esa Mérida histórica descubriendo nuevos rincones.

En la siguiente etapa hicimos parada en Trujillo para comer, por supuesto en la plaza donde tienes esa gran panorámica.

Llegada a casa, pasar a ver a mi madre y vuelta, esta vez hacia Cartagena.

En Cartagena, que ya es habitual por estar allí Carmen, la tía de Fernando y con la que compartimos las vacaciones, da gusto estar por lo bien que la están dejando, aunque hace falta mucho dinero aún para poder rehabilitar parte del centro.

Allí hemos compartido algunos días en compañía de las amistades de la tia, en La Manga y en Aguilas. Han sido experiencias muy buenas y conocer a personas muy interesantes. 

Regreso a casa y fín del trayecto vacacional.

Al llegar a casa nos esperaban las celebraciones de los cumpleaños de Esme, Sergio, mi madre y aún por llegar el de mi nieta Esther con sus 25 años a estrenar. 

Como veis todo muy activo y positivo.