29. nov., 2019

HISTORIAS DE LA ABUELA

En aquellos tiempos de mi trabajo, me adjudicaron unas nuevas zonas para trabajar, bastante lejos de mi casa. 

Por circunstancias o bien porque el cliente del que voy a hablar se merecía poca atención, lo cierto es que en mi primer viaje de visita comercial, por esa zona, organice la ruta para pasar a verle el primero. 

Cuando entré, observé bastante desorden y polvo acumulado en todas partes, pero bueno, eso no era de mi incumbencia, aunque te dice bastante del responsable o dueño del negocio. No obstante, cuando pasé al despacho del responsable de las compras, creí que me daría algo. El ordenador que tenía encima de la mesa, estaba lleno de post it amarillos con notas, pero cuando digo lleno, es así, las tenía por todo el monitor, por lo tanto no creo que trabajase mucho con él, aparte de los montones de papeles y carpetas diseminadas por toda la mesa, un caos. 

Cuando ya me presenté y comencé la visita, el comprador se quejó de la falta de interés que había tenido por parte de nuestra empresa, que no se le visitaba ni se le pasaban catálogos ni folletos. Después de pasarle precios, etc., etc., quedamos en que le enviara ofertas de un tipo concreto de producto,  a la vez que quedamos en que cada vez que fuese ha realizar las visitas, siempre pasaría a verle. 

Después de esta primera toma de contacto, como era de esperar, le pasé los presupuestos solicitados y a los pocos días le llamé por teléfono para saber su opinión. El caso era que nunca conseguía hablar con él, cuando no estaba fuera de médicos, estaba realizando gestiones, el caso es que valga la redundancia, no me hacía ni "caso".

En una ocasión nos desplazamos tres personas para hacer una demostración de determinada maquinaria que parecía ser de su interés, pues nada, tampoco conseguí nada. En el tiempo en que estuve yendo por allí no conseguí venderle ni una escoba. 

Bastante defraudada, empecé a espaciar las visitas hasta casi no aparecer por allí. 

Con motivo de una exposición del sector, estaba con mi empresa y mira por donde que aparece este cliente, me fuí a saludarle y el tio muy chulo me dice: "hay que ver, ya no pasas a visitarme...", a lo que no me pude resistir y le respondí: anda, sí te has dado cuenta?, pues efectivamernte no paso ni pasaré, ahora irá otra persona a ofrecerte nuestros productos", y así era porque entró un compañero que vivía por la zona y era quien le intentaría vender. Creo que tampoco le compró un clavo..

En fín, esta es una de las anécdotas de mi vida laboral, en la que me podía hacer en una semana unos 1500 kms o más y luego en realidad me venía con pocos pedidos en la cartera.

Había otro cliente, tambien de la misma zona, que cuando fuí a verle por primera vez, me dió la charla porque no se le visitaba, etc., etc., y que no pensaba comprar nada, etc., etc., pero no obstante esa vez me llevé mi pedidito, 

Con posterioridad cuando volvía, entraba a verle sin maletín, solo con mi bolso y como diciendo que pasaba por aquí...., cuando nos saludabamos le proponia tomar un café, a lo que aceptaba sin problemas y luego me decía: "qué pasa? no traes nada de ofertas para mí? " y entónces llegaba mi momento, precios, descuentos, ofertas por cantidades..., al final me hacía el pedido y terminaba la visita diciendome. "siempre me lías".

Había un cliente que cuando entraba allí, me metían hasta el almacén para ver qué es lo que les hacía falta de lo que habitualmente compraban. 

Como veis había de todo, lo que siempre agradeceré es el respeto con el que atendieron y nunca me despacharon con malos modos. 

Eso sí, como era una zona geográfica desconocida, me perdía más que la llave esa de los mecánicos. Aún no tenía GPS por lo tanto, llegana a los sitios por intuición y después de preguntar una y mil veces.....

Resúmen, siempre positivo, al mal tiempo había que ponerle buena cara y a la soledad de los viajes, entusiasmo.