8. sep., 2021

ESCENAS CALLEJERAS

Quizás sea porque en estos meses tengo la sensibilidad a flor de piel, o sencillamente que me emociono al ver determinadas cosas. 

Ayer por la mañana estando en una terraza tomando un café, ví a un hombre atendiendo a una señora muy mayor, mimándola y tratándola con un cariño infinito. 

Cuando se marcharon, vi que se dirigían a una residencia de mayores que estaba muy cerca.

Entonces mis recuerdos volaron a tiempos muy cercanos, cuando mis tardes pasaban en la residencia donde estaba mi madre ingresada. 

Allí veía a muchas más hijas que hijos atendiendo a sus padres. Pero había excepciones, como es lógico, pero no tantas. 

Uno de ellos, era como el hombre que he detallado antes. 

Todas las tardes a eso de las 4,45 se presentaba allí, le daba a su madre la merienda, la arreglaba y ya hiciera frio o calor, salía a dar un paseo por los alrededores. Si era invierno, muy bien abrigadita y si era verano, fresquita y con su sombrero para el sol.

Cuando falleció su madre, seguía yendo por la residencia a ver a todas las personas que conocía, que como es natural eran muchas. Creo que más bien era ya la necesidad fisica y mental de volver a esos sitios que había compartido con ella. 

Había otro señor que también todas las tardes estaba allí, eran tales las palabras y los gestos cariñosos con su madre que emocionaba.

Con esto no quiero decir que las mujeres no fuesen igual con sus madres, pero hay que reconocer que es más natural, por eso llama la atención que un hijo se porte así con la persona que le dió el ser y que en esos momentos, necesitan más que nunca, esos mimos. 

Así que por eso y porque ya no tengo a mi madre al lado, me siento mucho más sensible en estos momentos.