14. mar., 2022

MI BARRIO

Por razones naturales, pocas veces nuestra vida, transcurre en el mismo entorno en el que nos desenvolvimos en nuestra infancia y juventud.

Una vez que me casé, cambié de residencia, primero a Moratalaz, donde no estuvimos muchos años, por lo menos no los necesarios para sentir que fuese mi barrio.

Después a Torrejón de Ardoz, total hace ya 43 años y aquí me siento bien, he echado raices, por lo que no me siento extraña, pero...... mi barrio de toda la vida es el de mis inicios de vida, aunque ya pocas cosas permanecen como antes.

El pasado domingo después de disfrutar en Madrid, de un grato concierto, estuvimos comiendo en un restaurante cercano al teatro y luego fuimos caminando hacia el intercambiador de la Av. de América para coger el autobús de regreso a casa. En esta ocasión lo hicimos recorriendo desde la calle de Goya, por la calle de Alcalá (mi recorrido durante muchos años).

Durante el paseo observaba, aquí estaba la tienda X, donde mi madre me compró esto o aquello, allí el cine Benlliure y a pocos metros el cine Alcántara, seguíamos avanzando y algunos locales, seguían allí, como viejos dinosaurios de la historia. Alguien se acuerda de cuando llevabamos las medias a coger los puntos?. Justo pasamos por delante de ella tienda donde tantas veces llevaba las mias y las de mi madre, casi esquina a Manuel Becerra. 

Aquella tienda, donde al cumplir los 16 años mis padres me regalaron unos zapatos y un bolso rojos, cuya imagen no se me olvidará nunca. 

El bar Soria, en la misma plaza donde mi padre pasaba sus momentos de ocio jugando al dominó. 

Bordeando la plaza, ahora hay un macro gimnasio donde antes había un cine, el Universal y poco más adelante el cine Becerra, hoy una tienda de Carrefour.

Siguiendo el redondel ya no me resistí a entrar en el parque de Eva Perón. Los cambios que ha tenido, por supuesto que ya los había visto en otras ocasiones, aún así recordar cuando jugaba con mis amigas a la cuerda o al diabolo, al rescate, etc. 

Llegaron los tiempos de pertenecer a la pandilla del barrio y entonces ya eran otras situaciones y conversaciones. 

Me vino a refrescar la memoria, ese primer beso en los labios que me dió uno de los chicos de la pandilla, que me supo a gloria, ese chico que a muchas nos gustaba y que yo tuve ese privilegio. Luego no llegamos a nada, todo quedó en eso y en mi recuerdo y que llamó a mi mente en ese momento, hacía muchos años y nunca me llegó a mi como ahora.

Ya recorriendo Francisco Silvela, pasamos por esa tienda donde comprabamos las patatas fritas para cuando queríamos ir al cine Bahía que estaba como a 200 metros de allí, tristemente para mí, ya solo viven en mi recuerdo y seguro que del de mis amigas de esa época, que siguen siendolo, de ayer, hoy y mañana.