15. abr., 2022

Ir al mercado.

En mi casa, al ser muchos para comer, cenar, etc. mi madre tenía la organización de lo que se comía y cenaba cada día de la semana. Por lo tanto, la compra era un acto, semanal, todos los sábados bajabamos al mercado de Ventas, que no tiene nada que ver, a como es hoy

Pues bien, a lo que voy, ese día, sin carrito ni nada de esos medios qué hoy ayudan a soportar el peso, nos marchábamos mi madre y yo a hacer la compra de la semana.

No había cosa más fastidiosa para mi que ir a esos menestere.

Me aburría como una ostra, además de tener que ir cogiendo la vez, para que cuando llegase el turno, viniese mi madre para ver qué compraba, eso si, ya me encargaba lo que podía ir pidiendo para adelantar.

Pero ahí no queda la cosa, lo que más me disgustaba era subir, esa cuesta, cargadas a base de bien, confiando en que mi tío que vivía con nosotros, bajase al rescate, lo que me hacía mirar con impaciencia hacia la calle para verle aparecer.

!Al fin le veía que bajaba tan tranquilo! Entonces le decía a mi madre, vamos a esperar que ya baja el tío.

 

Y ahí terminaba mi calvario de la compra semanal. 

Luego por estar con el tiempo muy justo para tener mi casa atendida, también los sábados marchaba al mercado de Moratalaz con mis dos hijos de compañía, eran pequeños, por lo que era un triple trabajo, vigilarlos y comprar.

Como descarga de la comora, ponia las bolsas en las barras laterales que llevaban su empuñadura curvada, de la silla plegable en la que llevaba al mas pequeño, que así no salian las bolsas. Pero !Ay! En una ocasión que después de poner allí las bolsas, fui a pagar, y de repente las personas de mi alrededor, decian: "Cuidado, El Niño" conclusió, la sillita se había vencido por el peso y el niño, y yo con el susto en el cuerpo. Así que tuve que cambiar mi forma de llevar la compra sin riesgos para El Niño.

 

Historias de la abuela

15/04/2022