3. nov., 2015

Una niña

Como vais sabiendo mi infancia no era como la de muchas personas que salían a la calle, jugaban con amigas y amigos y se lo pasaban bien. Mi infancia fué diferente, supongo que para otros habrá sido bastante peor y por eso no me quejo, solo lo cuento. 

Recuerdos con mi abuela materna:

- Cuando con mucho esfuerzo, me compró ese vestido rojo con flores de guipur blancas.

- La ocasión que me llevó a la Iglesia de al lado de casa, Covadonga. Qué oscuridad y tristeza vi allí. Me sobrecogió bastante.

- La vez en que cuando ya sabía la historia de los Reyes Magos, buscando por los rincones, encontré esa muñeca pequeñita, con un vestido de esponja, que semejaban petalos de flores.

- Su medalla de plata con la imagen de Santiago de Compostela, que siempre que me sentaba en sus piernas y le preguntaba que quien era, me decía es "Santiago de compontelas como puedas". Esa medalla la tengo yo, me la dió mi madre hace algún tiempo.

- Cuando estuve unos días en la casa que tenía en Boadilla del Monte, enmedio del campo y nos mandó a mi tio Julian y a mí a buscar cardos para el cocido.  Recordando en mis papilas gustativas ese sabor del cocido. 

Y un día cuando tenía 9 años, enfermó y se fué. Una mujer callada y sufriente, por lo que muchos más años después llegué a conocer.

En aquella época, había una señora en un par de portales más abajo de mi casa, donde mi tía trabajaba limpiando, que tenía una hija de mi edad. A esta niña le pasaba como a mí sola y sin tener con quien jugar, así que alguna vez que otra me llevaba mi tía a su casa y allí jugaba con ella.

Vivían en una casa enorme y esta niña tenía juguetes que para mi eran impensables poder tenerlos nunca, así que disfrutaba mucho.

Esto duró un tiempo, pero poco, por circunstancias, su vida cambió y tuvieron que terminar madre e hija viviendo en una portería, su madre ejerciendo de portera. Así que mirar cómo determinadas situaciones pueden dar un vuelco total en tu vida.

Había otra niña también vivía cerca de casa, con la que ibamos juntas al colegio cuando teníamos 6 ó siete años. Nos pillaba un poco retirado, pero no importaba. Caminabamos sin pensar si estaba lejos o cerca, lo que sí hacíamos para acortar el camino era meternos por un atajo que significaba atravesar una zona atestada de gitanos en chabolas. Por más que mis padres me dijeran que no pasara por allí, me dejaba llevar por la otra niña y por allá que nos metíamos.

Lo cierto es que pasabamos con algo de mieditis, pero lo hacíamos y afortunadamente nunca nos pasó nada. 

Hoy en ese sitio hay un frondoso parque, anexo al de el de La Fuente del Berro y el tramo que cruzabamos, hoy es la M30. ¡Cómo ha cambiado todo¡

Siguiendo con el periplo de mi niñez, tengo algunos recuerdos imborrables. 

Había una academía de baile cerca de mi casa por la que cada vez que pasaba por allí con mi madre, siempre decía que quería aprender a bailar. 

Tanto insistía que mi abuela quiso pagarme ella las clases, pero como yo era una esmirriada que comía poquisimo, el pediatra le dijo a mi madre que si quería quedarse sin hija, que lo hiciera, así que evidentemente no fué posible.

El año en que cumplí 5 años, mi madre me llevó al hospital en que estaba mi padre ingresado para que pudiera felicitarme. Ese día me dejaron pasar haciendo una excepción.

Además mi madre que me había llevado a hacer una permanente, figuraros que con 5 años y el pelo todo lleno de rizos y para tener un recuerdo de ese día me hicieron una foto de estudio con un lindo vestido y en el que parezco una muñeca. 

En otra ocasión en que me padre estaba de nuevo en el hospital, mi madre me dejó en casa de una vecina, que vivía justom en la puerta de al lado para que me cuidara. Esta buena mujer tuvo la genial idea de que tenía que comer tomate natural porque era muy sano, cosa que no discuto con nadie, pero el hecho de que me obligara me hizo vomitar y no solo el dichoso tomate, si no que también lo que hubiera comido. 

Desde entónces aborrezco ese sabor y aún habiendo intentado comerlo con toda la intención de saborearlo, me viene a la mente el sabor de aquél mal día y se acabó, no hay tomate. 

Hoy os dejo y mañana más y espero que mejor.