FIDEL Y AMPARO

Las circunstancias de la vida te llevan a conocer personas que pueden llegar a ser parte de tu familia y en este caso de Fidel y Amparo que así lo fueron. 

Es una historia como tantas otras, pero esta pertenece a mi familia. 

En un determinado momento, mi tía Alejandra que vivía con nosotros, se hizo novia de un chico llamdado Raúl, hijo único del matrimonio de referencia. 

Como era habitual en esos años, la mujer preparaba su ajuar para el momento del enlace y ahí participaban con los regalos de cumpleaños tanto los padres del novio como la familia de la novia. 

Este chico, Raúl se fué a Alemania (lo habitual en esos momentos y ahora) a buscar trabajo y lo encontró, tenía la misma profesión que su padre, pastelero. 

La cuestión es, que no solo encontró trabajo, si no que una mujer con la que se casó, dejando a mi tía con un palmo de narices.

Aunque también los padres de él se disgustaron por la decisión del hijo, terminaron por aceptarlo, pero entónces no se les ocurrió otra cosa que pedir a mi tía que les devolviera los regalos que la habían hecho para el ajuar, a lo que se negó en redondo, alegando que encima de haber sido "abandonada", ahora querían lo que tenía, pues no y no. 

Como consecuencia de ello, hubo un distanciamiento entre mis padres y ellos, que afortunadamente duró poco. 

Esta familia, vivían en un principio en el barrio de Usera, teniendo una terraza en el ático donde disfrutaban tanto mis padres como ellos de buenas tertulias.

Como antes he mencionado Fidel, era un artista pastelero. Fué quien hizo mi tarta de la comunión. 

Y no solo eso si no que preparaba unos trabajos artísticos con chocolate blanco, con los que algún premio ganó.

Pero además, era un pintor de primera. Algunos de sus cuadros los tengo en mi casa, unos propios que me regaló y otros de mi madre, que tengo en "depósito".

Tengo muy gratos recuerdos con ellos, con frecuencia pasaban los domingos en mi casa (ya que mi padre no podía desplazarse mucho por su enfermedad)

Allí se organizaban unas partidas de cartas de todo tipo, para niños y para mayores que lo pasabamos genial.

Mi madre si preparaba ensaladilla para comer, esperaba a que llegara Fidel para hacer la mayonesa, pues a ella se le "cortaba" y a él no. No se si lo sabreis, pero antes la mayonesa se hacía a base de batir lentamente el huevo y el aceite, hasta que se conseguía tener la textura adecuada, hoy no se hace así, por lo menos en las casas corrientes. 

Una de las anécdotas que tengo es que en una ocasión que habíamos ido a su casa en El Batán, me dijeron que moliera el café con un molinillo eléctrico que tenían. En mi vida había visto ese artefacto y tampoco pregunté cómo se usaba, así que puse el café, la tapa y apreté el botón. Consecuencia, que como no sujetaba la tapa con la mano, salió disparada la tapa y el contenido, o sea todos los granos de café dispersos por la cocina. 

Cuando yo era muy pequeña (de edad) con unos 5 años más o menos, me llevaron con ellos a una casa de pueblo que alquilaron para el verano en Alpedrete, pueblo de la sierra de Madrid. La razón era para ver si conseguían hacer que se me abriera el apetito, pero no lo conseguían. 

Recuerdo que entónces una vez a la semana, llegaba al pueblo un camión-supermercado, donde todo el mundo se acercaba a comprar las provisiones para la semana. 

También, justo enfrente de la casa había una dehesa donde pastaba ganado bravo, o sea toros y vacas. Con los otros crios del pueblo, nos encaramabamos a las piedras para verlos, había algún valiente que se bajaba de la valla y los llamaba, pero en cuanto se acercaban, no podeis imaginar cómo corríamos. 

Si no llega a ser por ésta familia, que echaron una mano económica a mis padres en un momento muy difícil, no sé cómo hubieran podido salir adelante, pero ellos desinteresadamente lo hicieron. Con los años que han pasado, que han sido muchos, eso ni a mi madre ni a mí se nos olvida. 

Posteriormente, a mis padres les tocó el tercer premio en la lotería de navidad y pudieron devolverles lo prestado. 

Un año por mi cumpleaños, pues sería al cumplir los 17 me regalaron un chal blanco hecho de punto con hilos plateados, que aún lo conservo, no lo uso, pero cada vez que lo veo, me acuerdo de ellos. 

Hoy allá donde estén, Fidel y mi padre junto con todos los que ya se fueron, tendrán montada una gran timba, de dominó, de cartas, de lo que sea....

 Dos grandes personas, que siempre estarán en mi corazón.