Esos veranos

Cuando te enfrentas a una página en blanco y quieres contar muchas cosas, a veces se te agolpan en la cabeza y otras no.

Muchas veces ocurre que vas por la calle, en el bus o por donde sea y entonces piensas;  voy a contar esto ú aquello.

Hoy no sé con motivo de qué me ha venido a la cabeza contar un episodio que me ocurrió cuando solo tendría unos 16 ó 17 años.

Por entonces no estaba “bien visto” que unos novios, fueran solos a la piscina, al río, etc., etc., menos claro, al cine porque eso se suponía que era inocuo.

Pues bien, en un verano de esos queríamos ir al rio Alberche a pasar el día y como requisito indispensable teníamos que ir acompañados de adultos, si no, nada de nada.

El caso es que vinieron mi tío el más joven y la que era su novia.

Pasamos una mañana muy agradable con los baños en el rio, las risas y los juegos.

Llevábamos la comida y en el momento adecuado, así pasabamos la mañana y después de comer, buscar un rinconcito en sombra para poder dormitar un poco (ejem, y porqué no, darnos unos qchuchones), y allí andábamos hasta que en un momento dado sentimos un ruido entre los matorrales que nos hizo despertarnos de un salto, pues claro, en el campo…, ¿qué es lo que te puedes encontrar?......, bichos….

Así fué, vimos cómo se deslizaba una culebra de un tamaño bastante considerable, que por cierto, no andaba muy ligera, pues llevaba en su interior algún otro animalillo que había cazado y que tendría que digerir.

Nos quedamos todos acojonados, pero bueno, con unos palos empezamos a meterlos por entre los matorrales y al final la bicha se fue, pero claro, ya no hubo manera de poder descansar,  pues todos los sentidos los teníamos alerta por si aparecía.

Como veis esta es una historieta corta y sin mucha gracia, pero no deja de ser mi historia.