SUEGROS???

Qué palabra más fea para nombrar a los padres de tu cónyuge.

También es cierto que hay algunos que son para darles de comer aparte, pero como no es mi caso, quiero hablar sobre ellos. 

Lo cierto y verdadero es que para mí han sido mi familia de corazón, no la impuesta por la situación civil.

Con ellos he vivido mucho y bueno hasta que les tocó dejar este lugar.

La abuela Elo, cuando pasaba a visitarla, siempre me decía que me quería mucho, y no era una frase hecha, era la verdad. 

Tanto Benito como Elo sufrieron con nuestra separación.

Lo sabía y quizás fuese una de las razones por las que tardé en tomar la decisión, vuelvo a decir que una de ellas, hubo otras.

Tenía en ellos, igual que con mi familia, ese apoyo total a cualquier necesidad que tuvieramos, sobre todo en echar una mano con los dos hijos mayores, pues en aquellos tiempos se trabajaba tambien en sábado y entónces si que no teníamos opción de guardería ni nada similar para que se quedaran con ellos, así que el viernes tocaba entrega de niños a los abuelos.

Cuando llegaban las vacaciones de verano, ahí venía otro tema, vamos igual que pasa ahora con la mayoría de los padres. Nosotros tirabamos de los abuelos.

Elo y Benito se marchaban en cuanto llegaba el buen tiempo a su Piedrahita del alma y allí se pasaban el verano, hasta que llegaba el frío.

Esa era mi salvación, mis hijos estaban con ellos todo el verano, nosotros ibamos los fines de semana y todo el mes que teníamos de vacaciones, así que para mí, Piedrahita y su casa era mi segundo hogar.

Los buenos ratos pasados allí con ellos, las partidas de cartas de la sobremesa, los paseos por el pueblo, esas comidas ricas que hacía Elo...., únicas¡¡ Esas patatas revolconas, ese arroz con pollo, bueno no voy a poner todo porque si no parecerá una carta de un restaurante. 

La abuela nunca se quejaba, jamás en su cara vi un gesto de desagrado, todo lo contrario.

Y qué decir del abuelo? 

Benito era un trozo de pan. Cuando estaba en su pueblo vivía, disfrutaba de sus amigos, de sus vinitos y de subir con sus amigos en "la bala roja" al Alto de Santiago o a Pesquera a tomarse esos vinitos. A veces subíamos nosotros andando para estar con él.

Añoro esos paseos que nos dabamos el abuelo y yo por las mañanas temprano de casa hasta la Hermita de la Vega, allí descansabamos y disfrutabamos del espléndido paisaje, de las cigüeñas por los prados, picoteando y buscando alimento para sus crias, las vacas pastando y allá arriba "Peña Negra".

Mis hijos estaban totalmente integrados con los niños del pueblo y con ellos hicieron grandes amistadas, algunas continuan y otras no. 

Allí eran siempre bien recibidos tanto mi familia, si pasaban por alli unos días, como los amigos. 

Esas paellas que preparabamos en la orilla del rio Corneja, disfrutando de la compañía y los niños chapuceando en el agua. 

Anecdotario: 

En una ocasión vinieron con nosotros a Punta Umbría, mis tíios tenían un piso allí, así que en el mes de Julio que no estaban ellos, llevamos a los abuelos a que conocieran aquello. 

Para Elo, creo recordar que era la primera vez que veía el mar, por lo que pudo ver esa grandiosidad del Oceano Atlantico. 

Lástima que ese año estaba la marea tan alta que casi no había playa, pero no importó, lo disfrutamos igual.

La anecdota viene cuando un día que ya volvíamos de la playa para comer, no teníamos ganas de ponernos a hacer nada y como al lado de la casa había un lugar de pollos asados, pues allí que nos fuimos. 

Cuando estabamos esperando para comprar uno, nos dimos cuenta que había que haberlo encargado antes¡¡¡¡ Y qué hicimos? Cuando una vez empezaron a nombrar a alguien que no había llegado aún, llegamos nosotras y digimos: Yo...!!! con lo que pagamos y salimos corriendo a toda leche, no sea que llegara el que lo había encargado. No volvimos a pasar por allí en todo el resto de la estancia. 

Al regreso, pasamos por Mérida, lugar que les encantó.

Otra anécdota, pero con susto para los abuelos fué la siguiente:

Un domingo nos fuimos a Salamanca solos sin niños a pasar la mañana, está muy cerca de Piedrahita. 

El caso es que al regreso, cuando llegamos notamos que los abuelos tenían el gesto muy serio, pero no sabíamos qué había podido ocurrir. 

El caso es que pregunté a la abuela, qué ocurre? a lo que me contestó que mi hijo Paco, el pequeño, les había dado un buen susto. 

Parece ser que en un momento dado, alguien llamó a la puerta, eran unos gitanos pidiendo. Pero a los pocos minutos, se dan cuenta de que Paco no está en casa. 

Le buscan por todos lados, por debajo de las camas, por cualquier rincón...., salieron a buscarle por el pueblo, ellos y los amigos, en fín que se alborotó todo el mundo. 

Hasta que una vecina preguntó a mi suegra que si había mirado debajo de las camas, la abuela dijo que sí, pero que volvería a mirar. Y mira por donde que debajo de una de ellas, en el rincón más profundo, estaba el niño, durmiendo como los angelitos, a lo que la abuela le sacó de allí como pudo, toda enfadada, pero a la vez aliviada de que estuviera allí y no le hubiera pasado nada. 

El abuelo siempre decía: "los padres y las madres......", cuando de alguna manera se quejaba de algo que hicieron mis hijos y eso es lo que dijo el abuelo, después de la odisea. 

Por cierto, mi hijo se sigue quedando dormido en cualquier lugar y posición en que os podais imaginar y seguro que nadie le despierta. 

Siempre los he querido y los sigo queriendo, teniendoles en mi corazón a estas dos grandes y bellas personas, abuelos de mis hijos y casi unos padres para mí. 

Desde aquí un inmenso abrazo Elo y Benito.