CAMINO DE BLOIS

Nos vamos a situar en ya unos pocos años atrás. 

En la empresa en que trabajaba, prepararon unos cursos para instrucción en el conocimiento de las máquinas que teníamos que vender. 

Porque claro, sobre el catálogo es más o menos fácil, pero otra cosa es dar explicaciones concretas y detalladas sobre algunos términos y usos. 

Pues bien, en ambas empresas, hijas de la misma madre pero con distintos nombres, se organizaron dos grupos de trabajo, primero fueron unos y luego el nuestro. 

El viaje en cuestión era de estar unos días en la fábrica que había en Blois (ribera del rio Loira) para hacer esos cursillos.

Aunque en esta empresa no eran muy amigos de que las mujeres que trabajabamos allí fueramos a este tipo de formaciones, tuve la suerte de que mi jefe si quería que yo lo hiciera. Básicamente porque tenía que atender por teléfono a los clientes y tenía que saber de qué hablaba.

Qué ilusión tenía por ese viaje, el tema estaba en mi casa. A ver cómo aceptaba la otra parte contratante, mi viaje. Siempre que tenía que salir de casa a alguna feria, se convertía en un drama, por eso procuraba decirlo una semana antes del viaje, para así soportar menos tiempo esa situación, aunque luego estaba el retorno, pero bueno, esa sería otra cuestión, por lo menos tendría unos días de conocimiento y de ver otras cosas y otras ciudades.

Ciertamente, los franceses lo tenían todo perfectamente organizado, los tiempos de formación, los de las comidas y cenas y también la del último día de estancia allí que tenían concertado un restaurante estupendo y una visita al castillo de Chambord que me enamoró.

Hubo una cena en La Tour, en la que estabamos todos en una mesa redonda, y eramos unos cuantos, que en la sobremesa se empezó contando chistes, anécdotas y otras risas y la verdad que fué geníal. Pero los camareros no tenían la misma impresión, estabamos retrasando su marcha a casa. 

Como lo nuestro no es lo de acostarse temprano, una vez que estabamos en el hotel, nos metíamos varios en la habitación del jefe y ahí pasabamos un buen rato jugando a las cartas y/o al dominó. Eso sí, sin armar escándalo. 

Pero ahí estamos los españolitos queriendo hacer las cosas distintas, para variar. 

De tal manera presionamos al equipo de formación, que conseguimos alargar el viernes al máximo la instrucción para así el martes, solo tener que ir a Chambord y luego pasar la tarde / noche en París (que ilusión, por lo menos para mí desde que sabía leer y conocí que existía esa Ciudad).

Pues lo conseguimos, le hicimos al amigo Francoise cambiar los planes, buscarnos un hotel en Paris y llevarnos a la estación de ferrocarril para ir hacía allá. 

En fín, alllá que nos plantamos y todos queríamos ver todo......

Después de llegar al hotel, nos distribuimos en dos grupos, uno de ellos me arrastró por eso de ser la única mujer del grupo para que fuera con ellos a la zona Chic de compras para que les aconsejara para comprar algo a sus respectivas. 

El otro grupo se fué a visitar la Torre Eiffel, ciertamente, a mí me apetecía más la segunda opción, pero nada, me fuí con los compradores.

Pero ¡oh¡ circunstancias de la vida, los comercios allí cerraban más temprano de lo que lo hacen en España, así que nos tuvimos que conformar con ver los escaparates, cosa que tampoco estaba mal.

Después cuando volvimos al hotel donde habíamos quedado con el resto, más o menos obligué a mi grupo a ir a la torre, no podía quedarme sin verla, salíamos al día siguiente a las 7 de la mañana de regreso a Madrid.....

Fué afortunada, porque la vista de París desde esa perspectiva, es emocionante y fantástica. Con eso dí por cumplido mi sueño.

Después de bajar, pues rápidamente a un restaurante en el Trocadero, donde habíamos quedado con el resto.

Allí fuí recibida con un ramillete de violetas...., que ganas de llorar y reir al mismo tiempo y es que sabía que mis "chicos-compañeros de trabajo" me tenían en gran estima.

En fín la cena fué espectacular, teníamos un jefe muy rumboso y cenamos a todo tren, con nuestro champán de verdad en la mesa. En fín glorioso.

Después quedaba la salida nocturna, y allá que nos fuimos al Barrio Latino a tomar algo y allí lo pasamos muy bien.

Pero luego, ya venía la tercera parte, los caballeros querían irse a darse una vuelta por Pigalle y claro mi presencia les incomodaba. 

Con lo que, me fuí al hotel con otros tres compañeros que no les apetecía ir allí. 

Pero lo cierto es que me marché bastante enojada, ya era lo suficientemente mayor para no sorprenderme de nada y al fin y al cabo solo quería verlo. 

Pues nada al hotel y al día siguiente tempranito, regreso a Madrid. Durante un tiempo estuve mosqueada pero se me pasó y hala de refgreso......

Según nos acercabamos a casa, mi angustia empezó a crecer, por ver que me encontraría al regreso al "hogar", pero esa es otra historia.