DEL SIGLO PASADO Y ANTES

Como es natural  algunas de las cosas que cuento, son propiamente historias de otros,  bien que he tenido una charla con esas personas que me las han contado, o en los viajes en bus o tren, que  te dan oportunidad de oír algunas conversaciones, consiguiendo  hilar una historia, con esas partes de imaginación que me ayudan.

En esta ocasión voy a narrar situaciones que me han transmitido unas vecinas de mi madre y que refleja la situación de la mujer de hace más de 70 años y que seguramente es el cimiento en que los hombres y mujeres han crecido y han asumido como naturales.

Hoy que la mujer se rebela y no acepta situaciones de imposición, malos tratos, etc.,   en demasiados casos terminan con su vida.

En una familia de allá por los 192…, hubo dos situaciones que seguramente muchas personas habrán vivido.

La conversación empezó contando las veces que las madres o los padres habían pegado a sus hij@s y ciertamente era con una frecuencia aplastante.

A la primera hija, fuese traviesa, rebelde o lo que fuera, la madre se encargaba de dejarle las cosas claras, sobre lo que había o no debía hacer,  con su correspondiente tanda de golpes.

Entre otras cosas, habían pensado y planificado que su hija se casara con el panadero del pueblo.

No importaba si la hija quería o no, el caso es que esta mujer se negó en redondo a casarse con ese señor, por muy bien que le pudiera ir la vida con él,  su respuesta fue: “Es un bruto y no voy a terminar de un guantazo metida dentro del horno de la panadería”

Con esa afirmación, ya se veía con qué tipo de persona la querían casar. Ella lo consiguió y al final se casó con la persona que quería y fue feliz.

Los padres asistieron a la ceremonia, pero no quisieron volver a saber de ella.

La segunda hija había iniciado una relación, de momento amistosa, con una persona de fuera del pueblo donde vivían y todo transcurría por el camino más o menos normal hasta que un día alguien los vió que se estaban dando la mano y le faltó tiempo para contárselo a la madre.

Cuando la chica llegó a su casa, la madre la esperaba detrás de la puerta con un palo, dándole una soberana paliza con él.

Pasaron los días y volvieron a verse, con mucha precaución para que no hubiera chivatazos, pero mala suerte, también lo hubo.

En esta ocasión se presentó el padre con un palo, no sé si sería el mismo con el que la zurró la madre, pero lo que sí ocurrió es que los palos se los dio al pretendiente.

Consecuencia, ese hombre otra vez que volvió a verla fue para decir: "No pienso seguir viniendo a verte, no voy a aguantar que tu padre cada vez que me vea me de una paliza, ya estuve a punto de ir a tu casa a partirle la cara por pegarte a tí y esto no va a cambiar".

Al final, esta mujer se casó con otro, por decisión propia, pero no fue ese hombre del que estaba enamorada.

No se queja de su matrimonio, pero siempre queda en su pensamiento…. Y si mi vida hubiera sido con el otro?....