LA CABEZA ENTRE LOS BARROTES

Todos los niños tienen sus momentos y trastadas y mi hijo Luis no es la excepción, con él nunca sabías qué podía haber ocurrido cuando le recogías en la guardería o en el colegio, pero en esta ocasión nos encontrabamos la familia junta, tendría entónces unos cuatro años.

Estábamos en la ampliación del parque de la Fuente del Berro, esa parte que añadieron entre el antiguo parque y la valla que hay en las cocheras del metro de Ventas, que transcurre paralelo a la M30.

Como es natural, para poder cruzar de un lado a otro se hicieron las primeras pasarelas para peatones. 

Paseabamos por el parque, mientras esperabamos la llegada de los tios para hacerlo con ellos y pensamos en cruzar al otro lado de la M30 pasando por el puente cuando nos dimos cuenta de que había un coche accidentado en medio de la calle, nos paramos a observarlo y fué entónces cuando al pequeño Luis, se le ocurrió meter la cabeza por entre los barrotes para verlo mejor y ahí se lió parda.

Cuando le vimos, intentamos sacarla de ahí pero no había manera, sus orejas impedían que saliera y entonces ahí cuando empezó la tragedia.

La gente se arremolinó y cada cual daba soluciones para ayudarnos, pero nada, hasta que alguien trajo un tarrito de vaselina y se le dió alrededor del cuello y de las orejas propiamente dichas, hasta que por fín su cabeza salió. 

En esta ocasión no fué una trastada pero tiene unas cuantas en su haber, que algún día contaré.