ERASE UNA BICICLETA

APRENDIENDO

La verdad es que estaba harta de que el comentario más recurrente era, venga a ver si aprendes a montar en bici y te vienes conmigo a dar una vuelta, todos los días….

Ciertamente nunca me llamó la atención cuando era niña, ni tener una y mucho menos subir en ella.

Entonces lo decidí, voy a demostrar que puedo aprender y luego que monte Rita.

Así que un día en los que estábamos en Piedrahita pasando el verano, me decidí a que me enseñara a hacerlo.

Nos fuimos todos juntos a unas eras cerca del pueblo, que era donde solían aterrizar los ala delta y parapentes que se tiraban desde Peña Negra.

Pues ahí estuve más o menos controlada dando pedales hasta que ya me soltaron y continué solita y bueno, más o menos marchaba todo bien, hasta que de repente la bici se dirigió por su cuenta hacia un ligero desnivel.

Se acabó toda la seguridad en mi misma y a tomar vientos que me fui, caí por ese desnivel, de tal manera que no se me veía desde la explanada.

En ese momento mis hijos y su padre estaban asombrados al ver que no estaba, había desaparecido…., hasta que descubrieron donde andaba caída.

Todos risas y carcajadas, después de asegurarse de que estaba bien, claro.

Esta fue la manera en que por lo menos demostré que podía aprender, pero no continuar montando en ella.

Ese día mis piernas, brazos y otras partes que no voy a mencionar, tenían cardenales y lo cierto es que no decoraban demasiado bien mi cuerpo.

Y aquí se acaba la anécdota de mi aprendizaje a montar en ese artefacto de dos ruedas.