EL GATO

En un mes de Agosto, en las fiestas del pueblo, se organizó para los chavales una carrera en bici, recorriendo algunas partes del pueblo, varias veces.

Aunque es un pueblo que está a las faldas de la sierra de Gredos, a las horas en que se hacía la carrera, pegaba el sol a base de bien. Además de que hay unas pendientes muy interesantes, por no decir, fastidiadas.

Mi hijo Luis, quiso competir, pero hete ahí que no teníamos bici, así que un primo le dejó la suya.

Desde entónces, viendo el esfuerzo y sufrimiento que llevaba el ir en la bici subiendo y bajando cuestas, valoro más a los ciclistas profesionales, que no por serlo, sufren menos. 

Voy a la historia....

Ese día en cuestión marchabamos detrás de la carrera animando al niño, su padre, el primo de la bici, su mujer y yo...

Cada vez que podía, le decía a mi hijo que lo dejara, que eso era muy duro y que no tenía necesidad de hacerlo, pero el chico tiraba y tiraba y yo, sufría y sufría....., en una de las bajadas al tomar una curva, se cayó, pero se levantó de nuevo y a pedalear. 

Todo transcurría más o menos con normalidad, hasta que en una de las bajadas, que circulaba por una carreterita estrecha y con regatos a los laterales para que el agua del deshielo circulara, además de unas planchas de granito que hacían de paso hacia las puertas de las viviendas, bajaba el pelotón lanzado, pues es donde menos tenian que esforzarse, suficiente tenían con intentar no caerse....

Pero, en un momento dado de esa bajada, un gato, quiso cambiar de lugar y justo se cruzó por delante de la bici de mi hijo, él por intentar esquivarlo, fué a parar a los regatos de agua, la rueda delantera, se estampó contra una de las piedras de paso a las viviendas y mi hijo voló, cayendo de cabeza contra el suelo. 

En esos momentos te quedas como paralizada, vas corriendo hacía él y ves que su padre ya lo ha cogido, metido en el coche y salió zumbando para la Cruz Roja y allí me quedé plantada como una lechuga, conmigo el primo y la bici destrozada...., 

Así que nos fuímos andando hacia donde estaba el puesto de socorro, que estaba bastante alejado de donde fué la caida, hasta que al final nos sentamos en la Cruz de piedra que hay a la entrada del pueblo y ahi nos quedamos esperando a que nos dieran noticias. Ya subían algunos de los organizadores y se paraban para decirme que estaba bien, que pronto estaría conmigo.

La noticia fué que afortunadamente no le pasó nada grave, pero teníamos que vigilarle y sobre todo por la noche......

Ese día por la noche cuando dieron los trofeos a los ganadores en todas las competiciones, hubo uno especial para el desafortunado de la caída.

Mi hijo estuvo aturdido un par de días y como despistado, pero todo quedó en ese susto enorme y en el trabajo extra que se le proporcionó al abuelo Benito, que con suma paciencia, enderezó la bicicleta para devolversela a su dueño, Román Yañez.