Historias rurales

Antes he contado las historias de Perico niño, hoy será algo de Perico adulto.

Como ya he dicho, la familia de Perico no tenían una situación de vida boyante, más bien dura, pues cada vez en los pueblos era más dificil la subsistencia.

La realidad fué, que al poco tiempo emigraron como tantas otras familias en busca de oportunidades, dentro de España. 

De la panda de amigos, unos se fueron para Madrid, otros para el País Vasco, en fín que se fueron disgregando y confiando en que en algún momento se volvieran a encontrar en su pueblo.

En verano, algunos volvían, pues era su punto de conexión, pero luego poco a poco la vida la fueron haciendo en sus nuevos lugares de residencia, con nuevos amigos y distintas situaciones. Unos estudiando, otros trabajando y también formando nuevas familias.

En una de las ocasiones que Perico volvió, ya lo hizo con su mujer, hijos, padres y hermana. Alquilaban una casa y allí pasaban el mes de verano.

Este hombre, cuyos malos tratos había recibido contínuamente por parte de su padre, se prometió, que jamás pondría la mano encima a ninguno de sus hijos y lo cumplió.

A pesar de cómo fué tratado por su padre, él se portó de una manera excepcional, acompañandole hasta sus últimos momentos. 

Entónces coincidían con algunos de esos amigos, que también estaban acompañados de sus respectivas familias y así retomaron esa amistad que permaneció en el tiempo.

Al mediodía, hacía la ruta de los bares a tomar su chiquito con su tapita correspondiente y si además coincidía con sus amigos, mejor todavía.

Por las tardes se juntaban para subir a la sierra, tomar un cacho de algo y pasar el rato con los chiquillos. 

Por las noches, después de cenar, quedaban de nuevo, para pasear y al final sentarse en alguna terraza para hacer tiempo hasta que fuera la hora en que los hijos fueran llegando para volver a casa. 

En algunas ocasiones, en la orilla del río se juntaban para hacer un rico arroz y algún que otro chorizo, panceta o morcilla a la parrilla. 

Pero de todo, lo que más les gustaba era reencontrarse y recordar una y otra vez sus aventuras de niños. 

Hoy Perico vuelve a ir al pueblo, pero le tienen que llevar, sus ojos no le dejar ver el paisaje y reconocer los lugares vividos, pero sí sus olores y sobre todo sus recuerdos.