Esa gran amiga

Cuando conocí a mi amiga Maria Teresa?

De eso hace mucho, mucho tiempo, pero no por eso hemos dejado de serlo, nos entendemos casi con la mirada y nos hemos consolado mutuamente de las cosas que esta vida nos ha hecho compartir, unas veces buenos momentos y otros, no tanto.

El día que nos la presentó (el que luego fue su marido) en el grupo de amigos que ya estábamos emparejados, nos gustó enseguida, una persona con unos ojos preciosos y una sonrisa permanente en su cara.

Todos conocíamos de sobra a su novio, y precisamente no era una persona digna de fiar al completo, claro que eso quienes mejor lo sabían eran los chicos, pues nosotras solo lo suponíamos.

Ella estaba enamorada hasta el tuétano de ese hombre y con él se casó.

No voy a opinar aquí sobre su vida matrimonial pero estoy segura que tuvo sus buenas vivencias y sobre todo dos hijos que son lo mejor de su vida.

Hoy ya jubilada, como yo, a veces rememoramos esos momentos compartidos, tales como el viaje en Semana Santa a Granada y Torremolinos, donde como no teníamos alojamiento, la primera noche, nosotras dos terminamos durmiendo en el Simca 1000 dentro de un camping, en el que el resto de los viajeros pernoctaron en una mini tienda de 2 personas, 4 y un perro que se les coló.

Mi amiga Tere estaba en esos momentos embarazada, esperando a su primera hija.

Disfrutamos de esa visita a Granada y la Alhambra, para todos, la primera vez que la veíamos.

Las otras dos noches, no encontrábamos ni un hotel donde alojarnos, pero eso si, conseguimos un bungalow con dos camitas de 90.

Pues como es lógico, nos turnamos para poder dormir la otra pareja y nosotros para hacerlo, una vez en la cama y otra en el suelo, porque a Tere no la dejábamos que durmiera en cualquier sitio.

Tenemos anécdotas de vida que algún día seguiré contando, hoy es que quería decir que soy afortunada por tener esta gran amiga.

Gracias Tere, sabes que te quiero.