CIUDAD DE CUENTO

Praga es de esas ciudades, que cuando la ves, te encandila.

Y porqué? pues por ser de esas ciudades que cuando la visitas y la descubres, te parece estar en un cuento de esos de principes, hadas y hechizos y es por que es así.

He tenido la fortuna de visitarla dos veces, la primera fué el misno año y tiempo en el que vi París. Si tenemos en cuenta que París es mi ciudad de ilusión por conocerla, la de Praga aún sin haber visto otras ciudades del mismo país, es un lugar sorprendente.

Cuando llegué en la primera ocasión, no llevaba ni plano ni una orientación sobre lo que había que ver, sólo que la Plaza de Wenceslao, era donde se encontraban la mayor parte de restaurantes y comercios de la Ciudad, lo demás estaba por descubrir. 

Una vez que llegamos al hotel, nos refrescamos y tras unas breves indicaciones del recepcionista del mismo, allá que fuimos a ver la ciudad. 

Lo primero que buscabamos era la plaza dichosa, que no encontrabamos por ningún lado, pero si estabamos en una parte que había muchos restaurantes y como la hora de cenar estaba próxima, empezamos a mirar dónde lo hacíamos. 

Según veíamos los menús y decidíamos qué nos interesaba, se nos acercó un hombre con todo el aspecto de Igor el jorobado del jovencito Frankestein,  mostrándonos un menú en español que parecía bastante bueno, así que le seguimos y entramos. 

Cuando entramos nos indicó que bajaramos por unas escaleras y llegamos al comedor, que ofrecía un aspecto bastante preocupante, tapizado en rojo oscuro, un poco tipo Drácula, que nos tenía un poco mosqueados y si a esto añades que estabamos sólos...., hummmm no se, no sé que podría pasarnos...., hasta que al rato bajó otra pareja más y pensamos..."por lo menos no estamos solos".

En definitiva la cena fué excelente y salimos sanos y salvos de allí. 

Después seguimos bajando por esa avenida hasta que aparecimos en la Plaza del Ayuntamiento. 

Ahí es dónbde mis ojos se abrieron como platos descubriendo esa ciudad de ensueño, después todo fué ir añadiendo lugares a nuestra admiración. 

Aparte del Puente de Carlos y del Castillo, lo que más me impresionó fué el barrio judio y sus sinagogas, así como el cementerio.  Quedé sobrecogida cuando ví tanta tumba, además de la historia, si  le añades que estaba lloviznando, eso le daba otra situación especial.

Por cierto, varios días después descubrimos donde estaba la estatua de San Wenceslao, habíamos estado pasando delante de sus narices todos los días, pero al estar tapada porque la tenian en restauración, nos había pasado desapercibida.

 Este año he vuelto, una visita super rápida de tres días, pero que los aproveché al máximo, pude ver de otra manera todo lo que había visto ya y añadir otras experiencias y sitios, que la visita anterior no conocí. 

Resúmen de la ciudad, hay que visitarla, con calma y entretenida observando detenidamene todo lo bello que tiene. 

Inconveniente, que ahora hay multitud de turistas por todos lados y es más dificil poder disfrutar de todo.