ESE TIPEJO...

Hay situaciones que me enervan y una es la falta de sentimientos que algunas personas tienen. 

Concretamente hay una persona que antes era cercana a mi, hoy no lo quiero ver ni en pintura.

Esto que voy a contar ya lleva bastante tiempo ocurriendo, pero ya no me resisto ni un momento más a describir lo que siento.

Mi madre tiene un hermano, al que cuando las cosas estaban difíciles para todos, mis padres lo acogieron en su casa cuando era un adolescente. 

Allí se le dió cobijo, alimentación e incluso esa formación de la que carecía, tal y como leer, escribir y saber las cuatro reglas básicas de matemáticas. 

En un principio dormía en un sofá que teníamos en el pasillo de mi casa, luego cuando uno de los huéspedes que teníamos se fué, ocupó esa habitación. 

En aquellos momentos, en mi casa no sobraba ni un duro, sin embargo no se le puso en la calle, al contrario.

Por lo pronto estuvo en nuestra casa hasta que se casó, que lo hizo con la edad de 26 o 27 años. 

La persona con la que se casó es de esas típicas que tienen dos caras, la que te ponen por delante y la que te clava el puñal por la espalda. 

Si a eso le sumas la poca personalidad de mi tío, se reduce a un hombre manipulado y oscurecido, sin voluntad. 

No voy a contar todas las historias que tuvimos con esta señora, porque hace años que ni la vemos, ni hablamos, ni ganas de saber de ella. 

Mi tío vive en la misma ciudad donde actualmente reside mi madre; además a escasos 500 metros de la residencia donde está ahora su hermana, tiene la casa su hijo y sus nietos. 

Al principio de ser trasladada a la residencia, tuvo la decencia de ir unas pocas veces a verla, pero ya hace dos años y medio que no ha vuelto a pasar a verla, ni llamarla ni interesarse por su salud.

Hace poco tiempo, mi madre tuvo que ser llevada a urgencias y una prima mía que estaba en su casa, le dijo que se acercaría a ver a su tía, que si quería ir con ella y dió la callada por respuesta. 

El pasado sábado fué el cumpleaños de mi madre y personas a las que no les une un lazo familiar, la llamaron por teléfono para felicitarla, pero este tipejo, ni se le ocurrió.

Dicen que todo se paga en esta vida, pues confío en que a algunas personas empiece a pasarles factura, y entre ellas, este señor.

Ahora que convivo mucho con mi madre, se el sufrimiento que le proporciona su hermano pequeño, el único de los cinco hermanos que fueron y que  hoy ni le vea ni le oiga.