ESE FIN DE SEMANA

Tuvimos la feliz idea de irnos a pasar un fin de semana con unos amigos, justamente el día en que se casaba el por entónces Principe Felipe. Decidimos huir del bullicio del enlace.

Así que decidimos hacer esas cosas que habías querido experimentar y que nunca se había presentado la ocasión, por lo tanto alla que nos fuimos a pasar un fin de semana por la sierra de Gredos.

Primeramente comimos en El Barco de Avila, haciendo honor a esa tierra, unas suculentas judias y un chuletón de la tierra.

Posteriormente fuimos a un campamento donde estaba ya concertado el bajar los rápidos del rio Tormes.

En primer lugar los carrozas del lugar eramos nosotros, por lo tanto estabamos más perdidos que un pez fuera del agua. 

Después llegó el momento de ponerse el traje de neopreno, que vaya tela el tener que meterte en eso...., luego los salvavidas, los cascos...., etc., etc., 

Llegamos al río y nos metimos en una lancha neumática que manejaba el monitor, pues no teníamos ni idea de cómo llevar eso. 

A todos los que ibamos a hacer la travesía nos dieron las instrucciones adecuadas de seguridad, entre ellas, que cuando ellos avisaran que venía un rápido, nos sujetaramos bien o nos tirásemos al suelo de la lancha, para no caer al río. 

En principio, tanto mi amiga como yo, nos pusimos justo en el suelo y bien agarraditas a las cuerdas, por si acaso. Después del primer rápido, como vi que no pasaba nada de nada, me senté en el borde de la lancha y ahí sí que disfruté más, pero lo cierto y verdadero es que fué muy corto el tramo y con muy pocos rápidos, en fín un poco flojo para lo que yo esperaba....

Lo bueno llegó después, la aventura de quitarte el traje...¡Madre, madre, si dificil fué meterse en él, no os quiero contar lo que me costó salir.....

La noche en la casa rural fué estupenda, la casita muy bien y el sitio ideal. 

Lástima que no supieramos que teníamos tan cerca los senderos para hacer un paseito por la sierra, pero al no ir debidamente preparados, no lo hicimos. 

Queda pendiente....

Al día siguiente fuimos a la siguiente aventura, montar a caballo.

Allí nos tenían preparados cuatro caballos bien guapos, pero qué altos, no podía subirme tuvieron que darme uno que era para niños. Después de subir en él (mejor dicho, me subieron) arrancamos, pero el que yo llevaba que era un listillo, empezó a moverse antes que ninguno, se sabía el camino y ya quería empezar....

Fué un paseo muy interesante y placentero, luego quedan las secuelas, esas agujetas que te duran una temporada....

La verdad es que por lo menos el momento de estar con los caballos fué el más agradable, aunque yo no las llevaba todas conmigo, por si le daba por correr al cuadrúpedo....

Estas cosas son las que van quedando en el haber de la vida. 

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