EL GUINDILLA

Hoy ejerciendo de padre

Hoy, no sé porqué, bueno si que lo sé. Releyendo mi blog, dejé pendiente contar alguna de las trastadas de mi hijo Luis. (las que conozco) porque ahora en algunas ocasiones, salen historietas de las que me estoy enterando.

Concretamente, estas que voy a contar eran inconsciencias, pues al ser un polvorilla, no podía estar quieto y de ahí salían historias. 

Le encantaba meterse en los charcos, era su mayor placer y para eso le compramos las consabidas botas de agua, pero claro no contabamos que no solo se metía en los charcos, si no que debía de hacerlo en los que tenían agua suficiente como para sobrepasar la bota. 

Cierto día en que después de recogerlos del cole, su padre le cogió en brazos poniendolo sobre sus hombros, al moverlo, empezó a caer agua de tal manera que parecía un surtidor. 

Ahí tienes al niño con los pies calados y no sabías cuanto tiempo había estado así. De está manera supongo que fué cuando cogió unas fiebres reumáticas que nos tenían de cabeza, pues no se conseguían eliminar. 

Le ponían unas inyecciones que una vez un practicante comentó, que si se las tuviera que poner él, ni de coña lo hacía. Mi chico era y es fuerte y aguantaba ese dolor tan enorme con una dignidad de narices. 

A vueltas con el agua, otro día que fuímos a la sierra con unos amigos, en un momento en el que los crios andaban jugando, nos dimos cuenta de que Luisito, !cómo no¡ se había metido en un arroyuelo y las zapatillas y calcetines empapados. 

Así que a ponerlos en la calefacción del coche para que se secaran y poder ponerselos para regresar a casa, en mejores condiciones. 

Todo esto acompañado de la consiguiente bronca. 

En otra ocasión, voy a buscarlo al cole y me dice una profesora que lo lleve a un centro de salud, que ha estado jugando a tirarse de cabeza y que posiblemente se hubiera hecho daño.

Así que mirando bien, observé que tenía un pequeño guijarro incrustado en la cabeza. No había manera de sacarlo, así que fuimos al equipo quirúrgico que era lo que teníamos en ese momento más cerca y allí se lo quitaron, eso si, nos tuvieron que sacar de allí, porque el salvaje del médico con lo que estaba haciendo para sacarle la piedrecita, no provocaba más que gritos del niño además de incrustarla más. Hasta que por fín otro médico se la quitó.

Como hoy no me quiero extender más, ya volveré a la carga otro día.