Pedazo de habitación

Lamparas de cristal de Murano

Espectaculares los ascensores

Historia de un crucero

 

Ha sido una semana bastante intensa y que ha significado un cambio radical a lo que habitualmente he hecho a la hora de viajar. Una nueva experiencia.

El viaje se inició saliendo en avión desde Madrid hasta Venecia. Desde el aeropuerto nos recoge un autocar que nos lleva al barco.

Ahí ves una gran mole que no te puedes imaginar lo enorme que es, total solo llevaba 2.600 pasajeros, más todos los tripulantes, que son una buena cantidad.

Ciertamente, todo muy bien organizado, de tal manera que cuando llegas a tu camarote, ya tienes allí tus maletas, cuando te dan la documentación del viaje, te entregan unas etiquetas que deben pegar en el equuipaje. Allí figura el número de habitación que tienes, por lo tanto, entras sin ninguna carga al barco.

Tuvimos una reunión informativa de la guía que llevábamos y te dan una tarjeta, sin ella no eres nadie en ese barco.

Después de atravesar casi todo el barco, llegas por fin al que va a ser tu alojamiento en todo el trayecto.

Vaya camarote más chulo, tengo que agradecer a la agencia de viajes que me recomendó que cogiéramos uno con balcón y fue un acierto total. Además de ser muy espacioso, tiene el valor añadido del balcón, donde podías sentarte a ver el panorama, lástima que tuvimos unos días un poco pasados por agua, con lo que disfrutábamos poco, no obstante, el poder ver tanto las salidas de los puertos como las llegadas, tranquilamente desde ahí fue una gozada.  Una amiga me advirtió de lo bonito que se veía Venecia desde el barco cuando zarpamos y no se equivocó.

La vida en el barco, mientras navega es muy activa, hay para todos los gustos por lo tanto no tienes opción al aburrimiento.

A la hora de la cena te asignan una mesa, que siempre compartes con los mismos comensales, todos de la misma nacionalidad. Afortunadamente formamos un buen grupo. En un principio te presentas y más o menos es cordial la velada, pero según van avanzando los días y puesto que todas las excursiones las hacíamos juntos, nos conocíamos más y más, por lo que al final del crucero ya formamos un grupo muy ameno.

La mayoría éramos matrimonios, pero había una pareja que eran madre e hija. La hija se acababa de jubilar y quería disfrutar de la compañía de su madre  a la vez que la obsequiaba con ese viaje tan especial. Era precioso ver a ambas con qué cariño se trataban.

En la cena nos atendía un camarero de nacionalidad filipina que es un encanto, nos hacía la cena de lo más amena, cantaba y nos hacía papiroflexia con las servilletas la mar de originales,

Los espectáculos que hacían cada día en el teatro estaban muy bien hechos y divertidos.

En uno de ellos fueron los propios trabajadores los que nos hicieron la representación y resultó totalmente espléndida, te sorprende ver esa calidad en sus voces, bailes, chistes, etc.,

Salvo un día, nos que sólo fue navegación, todos los días teníamos excursiones.

A ese respecto sí que me han sabido a poco, pues en la mayoría de las ocasiones el tiempo dedicado a las visitas era escaso, siempre teníamos que andar con prisas para llegar a embarcar a la hora prevista, por lo que te quedabas con mal sabor de boca.  Así que solo queda completar la visita por nuestra cuenta en otras ocasiones.

 

Más cosas en la próxima publicación, os iré contando mis opiniones respecto a cada excursión.