Mas o menos así era la primera lavadora que tuvo mi madre

LA MUJER EMPRENDEDORA

Fogón de hierro y usado con carbón.

En su momento no se hablaba de emprendedores, y me estoy refiriendo a los años 60, donde la mayoría de la gente trabajaba para otros empresarios, que eran los que ponían el negocio y si había suerte, contrataba a algunas personas para sacarlo adelante.

Aquí voy a hablar de una emprendedora especial, mi madre.

En esa época, precisamente no se estaba pasando en mi familia por una situación muy afortunada económicamente.

Mi padre que ya estaba enfermo, por lo que no podía trabajar y entónces no sé que tipo de prestación económica tendría, pero seguro que no era mucha.  Ante estas dificultades y teniendo en cuenta que mi madre estaba embarazada, la situación no haría más que agravarse. 

Como es natural, no sé cómo se fraguó la idea, estoy segura que mi a mi padre eso no le parecía buena, pero tuvo que aceptar los argumentos de mi madre, y era la de montar en el domicilio una pensión.

Como se puede derivar de lo que he contado anteriormente, no tenían fondos para poder acometer la compra de lo necesario para poder preparar dos habitaciones y acoger  a los huéspedes. 

Gracias a unos amigos de esos que son y fueron eternos en los corazones de toda la familia, pudieron comprar camas, armarios, mesillas, cómodas, etc., todo lo necesario para instalar a los cuatro inquilinos que querían tener.

Aún así mi padre no hacía más que dar vueltas a cómo podrían devolver el dinero prestado, además del exceso de trabajo que supondría para mi madre. No obstante, las cosas se fueron solucionando de una manera imprevista. 

Esas Navidades, en el sorteo de la lotería nacional, les tocó un dinerito con el tercer premio, por lo que pudieron solucionar el tema del préstamo y tapar los agujeros que habían surgido con el nacimiento de las gemelas. 

Ya estaba todo en marcha, en casa teníamos cuatro huéspedes. El resto de la familia, mis padres, mis tías y yo nos apañamos para dormir en dos habitaciones, las gemelas durante un tiempo, en la cuna.

Menos mal que la cocina era hermosa, con una mesa grande donde comiamos y cenabamos todos. El calor de la cocina que era de carbón y astillas, nos facilitaba no pasar frio. 

El sistema de búsqueda de nuevos inquilinos se hacía poniendo anuncios en los puestos de los ciegos y en algunos comercios. Además cuando se daba de alta a alguno y entonces la baja del que se había ido, había que ir a la comisaría que estaba cerca a presentar todos los documentos que solicitaban.

La realidad era que el peso de toda la organización y trabajo doméstico recaía en mi madre, ya que entonces la pensión era "completa" es decir, desayuno, comida, cena. Lavado y planchado de ropa, y en algunos casos cambio de cuellos o puños de las camisas de los inquilinos.

Y estamos hablando de una época en que la lavadora no tenía nada que ver con lo que hoy tenemos. 

Esa lavadora lo único que hacía era mover la ropa, con el agua caliente, que previamente se había puesto en el fogón  y unos rodillos por los que se escurría la ropa para luego pasar a aclararla, a meter la ropa blanca en lejía y además blanquearla con el añil. 

Todo un proceso, que sin llegar a ser el de nuestras abuelas de ir al rio a lavar, requería de un trabajo y una organización improba. 

Añade a las niñas que luego se sumaron a la gran familia, a mi tio pequeño que tambíén fué acogido en mi casa, podeis imaginar que ahi todos teníamos que colaborar, no nos librabamos nadie. Mi padre el pinche de cocina, a mi me tocaba la limpieza de las habitaciones compartido con mi tía, así como del resto de la casa. 

Llegó el momento en que mi padre tuvo un trabajo por el que recibía un sueldo decente, yo empecé a trabajar y entonces se decidió que había llegado el momento de prescindir de los huéspedes y así terminó la época emprendedora de mi madre.