Entrando en la Marienplatz

Restaurante en el Ayuntamiento

El carillon

A la rica cerveza

Que no falten las salchichas

MUNICH

Aquí está la historia, corta, de nuestra visita a Münich.

Os podeis preguntar porqué allí? Ahora os explico.

Hace años, cuando todavía era una curranta, teníamos que asistir a una feria que se organiza en esa ciudad, en la que la empresa en la que trabajaba, montaba un stand a lo grande, y teníanos que estar vendedores de todos los países, ya que se quería demostrar la gran envergadura de productos que fabricaban y siguen fabricando.

Coincidió en esos momentos que habia saltado un volcán en Islandia, y por lo tanto se hacía imposible la navegación aérea. Algunos de mis compañeros no pudieron asistir, pero justo en el día en que tenía el vuelo reservado, abrieron los aeropuertos, así que allá que fuí.

Mi primera preocupación era que cuando llegase al aeropuerto, a ver cómo me hacía entender con el taxista que me recogiera. No te preocupes me dijeron, todo el mundo habla inglés. 

Pues no, por lo menos el taxista que me recogió, o no sabía, o no quería. Así que saqué el pase a la feria y así comprendió dónde quería ir.

Bien, hasta ahí, esto no justifica el porqué queria visitar esta gran ciudad.

Cuando ya por la tarde, terminamos, otro compañero y yo nos fuimos al hotel y después de refrescarnos, nos dirigimos al centro para visitarla.

Cuando llegamos a la plaza donde está el Ayuntamiento, me quedé como atontada, qué maravilla de edificio, y me dije, aquí hay que volver en plan turista a visitar todo aquello.

Así que ahora que la cosa del covi esta un poco más controlada, nos fuimos allí.

Estabamos en un hotel muy céntrico, con lo que al aterrizar, cogimos una especie de tren de cercanías, que nos dejó en una estación cercana, por lo que luego andando nos podíamos dirigir a cualquier parte. 

Primera sorpresa, los cruces de las calles son la leche, es decir, si tienes dos o tres carriles que cruzar, lo más normal, es que los semáforos estuvieran preparados para que se cruzaran todos seguidos; pues no, o corrías, o no llegabas al segundo tramo. El impulso es el de cruzar ahora que aún no han arrancado los coches, pero ni se te ocurre, allí todo el mundo es muy respetuoso con las normas, no cruzaba ni el gato. Así que tocaba esperar hasta que se abriera el siguiente y si había suerte, llegabas al otro extremo sin más problemas.

Con respecto al centro tengo que decir que es una ciudad viva, la gente se ve que tienen una calidad de vida relajada, no ves eso que aquí tenemos, todo prisas,

Las calles con mucha gente, pero sin agobio. Terrazas en todos lados y hablan el inglés que es una maravilla, o sea que a mi me tocó el taxista más borde.

Una vez que pasas por un arcco, entras en una zona peatonal donde empiezas a ver las torres campanarios de las iglesias y mucho comercio. 

La apoteósis fué llegar a la plaza del Ayuntamiento. Le hace falta una limpieza, está por partes un poco ennegrecida, y es que adecentar ese edificio debe de costar una pasta gansa. No obstante es una maravilla verlo. 

Seguimos recorriendo el centro y disfrutando de ese paseo, acertamos siempre en los sitios en que comimos, eso si, bastante limitados los menús, pero bueno, para unos días no había problema. 

Una tarde, decidimos ir por otra de las partes que no son tan turisticas, pero que queríamos conocer. Avenidas anchas, con muy buenos edificios. 

La ciudad la recorren tranvias por todos lados. Por lo que respecta a la comunicación está muy bien, por esa razón, creo que no hay tanta afluencia de vehículos y se vive con mas tranquilidad. 

Como no, me tomé varias copas de cerveza que estaban ricas, ricas.

La temperatura era ideal.  

En otro momento os contaré más sobre Münich y los otros lugares que visitamos.