JERINGUILLAS

Ayer, mientras echaba un vistazo a Facebook, vi una foto que me trasladó a esas épocas en los que las economías no permitían determinadas cosas, aunque fuesen necesarias para la salud. 

En la vecindad en que vivíamos, la señora que vivía justo al lado de nuestra puerta, había sido enfermera, o eso decía, en su juventud. 

A mi abuela y a mi padre, tenían que ponerle inyecciones todos los días. Un practicamente tenía que cobrar, y entónces eso era un esfuerzo muy grande. Si no huviera sido por la vecina, hubieran tenido que pagarlo, quitándoselo de otra necesidad.

El caso es que a mi me gustaba ver el protocolo de desinfección que utilizaba la mujer para poner la inyección a quien la necesitaba. 

Llevaba un recipiente de aluminio, como el de la foto, metía la jeringuilla y varias agujas, no metía una sola, en prevención de que se estropease alguna de ellas.  Lo cubría todo con alcohol de quemar y logicamente lo prendía. 

Al cabo de pocos minutos ya estaba todo desinfectado, procediendo a poner el medicamento a quien correspondiese.

Al fallecer esta mujer, mi padre tomó el relevo en esas funciones, incluso para ponerselas él mismo. 

Ahora con la perspectiva del riesgo que corrió mi padre, pienso que fué una locura. La suerte le acompañó de no producir ninguna lesión a la familia. 

Una vez que la sanidad empezo a mejorar, ya teníamos nuestro médico de cabecera e incluso nuestro practicante. 

Con largos tiempos de espera. 

Como anécdota, de cria padecía con frecuencia de amigdalitis, tanto que el pediatra había decidido que me tendrían que operar. 

Me llevaron a la zona donde estaba el cirujano para que me viera y decidiera cuando me intervendrían.

Al estar en la sala de espera vi salir a algunos niños con una toalla alrededor de su boca y cuello, toda manchada de sangre. Fué tal el miedo que me dió que se me quitaron de golpe todas las inflamaciones de amigdalas. Así que sigo con ellas, tan monas ahí, de vez en cuando dando guerra, pero nada que ver....., qué tiempos.