MOVERSE POR UNA PISTA DE BAILE

No sé si voy a saber describir lo que para mi significa bailar.

Desde muy niña, le pedía insistentemente a mi madre que quería ir a una academia de baile para aprender. 

No pudo ser, como era una tiquismiquis, que no comía y me sacaban adelante gracias a las inyecciones de higado, y otras vitaminas, no era aconsejable que fuese. Así se lo dijo el pediatra a mi madre, el caso es que no fuí.

Pero faltaba poco para que me pusiera a bailar, ya fuese cuando adolescente en los guateques o luego en las bodas, en cuanto podía ahí estaba dándolo todo.

Al cabo de muchos años, terminé apuntandome a unas clases de baile de salón. 

A esas clases fuí porque mis amigas también irían, una de ellas con su marido. 

Teníamos un inconveniente, eramos tres mujeres y solo un hombre (que conocíamos) para compartir, ja ja. Pero de todas maneras en esas primeras clases había hombres solos, así que no nos faltaban. 

Todo eso más o menos marchaba, hasta que el matrimonio amigo, se fué, otra de las amigas también lo dejó y nos quedamos mi amiga Conchi y yo. No importaba, bailariamos como pareja, ella haría de hombre y yo de mujer. 

Fué una experiencia muy agradable y divertida. Veréis en un principio, como todos eran parejas formales, a nosotras dos nos miraban con cara de desconfianza, a ver estas lobas si nos van a incordiar con los maridos, 

Después, pensaban que eramos amigas más que intimas, y nosotras nos reíamos diciendonos frases cariñosas, solo para provocar. 

Cuando en alguna ocasión tenía que bailar con un caballero, mi amiga le decía muy seria, a ver que haces con mi cariñin..., jajaja nos partíamos de risa. 

Llegó el momento de aprender tango, y allá que nos pusimos las dos como unas campeonas. 

En ese centro tenían la costumbre de hacer al final del curso una demostración con lo que habíamos aprendido. 

El primer año, cada una de nosotras bailó con un caballero, pero la profesora quería hacer una exhibición del tango. Como no podía ser menos, nosotras dijimos que sí, pero las otras parejas con las que habíamos estado practicando, se negaron a hacerlo. 

La profe, ni corta ni perezosa animó a otras parejas que eran más experimentadas, a que bailasen con nosotras. 

Menuda diferencia, ellos bailaban de maravilla y nosotras, de pena. 

Pero bueno, al final lo hicimos. El día de la exhibición, Conchi llevaba un traje negro y un sombrero, muy en plan tanguista y yo me había comprado una falda de tubo, con una apertura lateral, que vamos enseñaba la pierna a base de bien. Acompañé el conjunto con una body negro y un pañuelo en el cuello rojo. 

Al final no quedó mal, gracias a las otras parejas, pero bueno, nos defendimos.

Me he pasado 22 años yendo a esas clases, unas veces he tenido con bailar con otras mujeres hasta que encontré una pareja masculina, dentro del propio centro. Ya nos conocíamos de otros años, por lo que cuando me propuso ir de compañera con él, no lo dudé. 

Siempre he disfrutado, me he reído y he tenido unos grupos encantadores, todos nos llevamos fenomenal. El profesor actual, tiene el hábito de que cambiemos de pareja, salvo que alguna no quisiera hacerlo, la mayoría, de buen grado pasabamos al hombre siguiente en la rueda.

El dichoso Covi nos fastidió y tuvimos ese parón lógico y diríamos que obligado. 

Ahora no tengo pareja para el baile, mi compañero falleció y otro que se apuntó el primer año que se podía volver a bailar, no le gustaba. Así que o bailaba con el profe, que no me importaba en absoluto, o tenía que esperar a que hicieramos el cambio y pudiera hacerlo con otro. 

El caso es que este año, no tengo plaza y no consigo encontrar en donde vivo una que me admita sola.

Así que ya veré como sigo haciendo algo que me apasiona, antes que los huesos se resistan y no pueda volver a practicarlo. 

Así que viva el baile.